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	<title>Yo estuve ahí &#8211; Marcha</title>
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	<description>Periodismo popular, feminista y sin fronteras</description>
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	<title>Yo estuve ahí &#8211; Marcha</title>
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		<title>Los años kirchneristas: gestos efímeros de una felicidad compartida</title>
		<link>https://marcha.org.ar/los-anos-kirchneristas-gestos-efimeros-de-una-felicidad-compartida/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[Ignacio Marchini]]></dc:creator>
		<pubDate>Fri, 17 Apr 2020 11:55:03 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Yo estuve ahí]]></category>
		<category><![CDATA[Ana Paula Marangoni]]></category>
		<category><![CDATA[mas noticias]]></category>
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		<category><![CDATA[Somos Multitud]]></category>
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					<description><![CDATA[Otra manera de acercarnos a las multitudes mientras las extrañamos, los años de militancia.]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[
<p><em>A Naza, Mari Ro, Marian, Wally, la Pocha: cómplices de un momento lleno de frenesí</em></p>



<p><em>Otra manera de acercarnos a las multitudes mientras las extrañamos, los años de militancia. Una crónica que es mirada sobre los años kirchenristas pasados, pero es también una mirada sobre la acción propia y la felicidad de la inocencia perdida.</em></p>



<p><strong>Por Ana Paula Marangoni</strong> |<strong> Foto: Julieta Lopresto</strong></p>



<p>Fue por octubre de 2011. Cristina había ganado la reelección. Las movilizaciones en las calles que se habían sucedido desde el Bicentenario habían ido ocupando un lugar en mi corazón. Nos fuimos politizando de una forma adolescente. Nos parecía que encontrarnos en la Plaza era una manera de decir que apoyábamos que desde el gobierno se hablara de DDHH, que se reanudaran los juicios de lesa humanidad, que el Estado como garante de derechos cobrara importancia, y que las y los grasitas recuperaran su lugar en la fiesta.</p>



<p>Éramos ingenuas e ingenuos también. Vivíamos con frenesí el <em>revival</em> de toda una mística que iba desde Evita hasta Montoneros. En una movilización o fiesta, de repente se podía hablar con alguien que había sido militante de la JP, o que era amigo o familiar de desaparecidos. Cantar la marcha peronista era revivir años de utopías setentistas, o la época dorada del peronismo: la fundación, las pelotas para los pibes, conocer Mar del Plata por primera vez.</p>



<p>Hablábamos de las contradicciones, de lo que faltaba, de los problemas que seguían intactos. Pero sentíamos que había que seguir reivindicando y defendiendo a un gobierno que nos hacía sentir protagonistas, que nos unía de alguna manera a grosas y grosos como la Gaby Arrostito, Paco Urondo, Rodolfo Walsh, el gordo Coooke, Alicia Eguren, Agustín Tosco… y tantas y tantos más. Leíamos <em>La voluntad</em>, la revista <em>Lucha armada</em>, nos pasábamos libros como <em>El tren de la victoria</em>. Jugábamos a ver quién sabía más sobre peronismo y los setenta. Memorizábamos nombres, hablábamos de La Tablada, Monte Chingolo y otros eventos revolucionarios. Chamuyábamos con poemas de Gelman o Constantini. Mezclábamos una lectura histórica y crítica del pasado con un presente sin críticas ni objeciones. Alzábamos los dedos en V y nos sentíamos una nueva generación de montos. Recuerdo que a veces se me salía la cadena y, cuando discutíamos sobre algún tema, algunas amigas se reían y me decían que me subía el <em>troskómetro</em>. Para las y los convencidos, mis ideas generaban desconfianza. Me decían “inorgánica”, para marcar un defecto imperdonable, entre discursos sobre lealtades y prioridades. Para quienes miraban al kirchnerismo desde afuera, yo era una kuka consagrada. Parecía difícil ocupar un lugar moderado. Nos enterábamos de que eras kirchnerista, cuando alguien te decía: “vos, que sos kirchnerista…” o “vos sos re k”.</p>



<p>Pero las fiestas eran las fiestas. Se trataba de un ritual donde las definiciones y discusiones quedaban a un costado. Ahí, yo estaba adentro.</p>



<p><strong>Vivir las patas en la fuente</strong></p>



<p>Por esa época, gran parte de mi vida transcurría arriba de un tren que iba de Villa Luro hasta Moreno. En el Barrio Lomas, Moreno adentro, teníamos un centro cultural llamado La Olla. Ese lugar no fue una excepción a nuestras ingenuidades. Pensábamos que estando en un barrio íbamos a poder cambiar las cosas. Pero nos faltaba organización, criterio, planificación. Y convivíamos con la esperanza de que la revolución nacional llegaría algún día a Lomas, donde todo seguía igual. Donde éramos reinas y reyes del piberío, mientras jóvenes y personas adultas seguían con su vida habitual.</p>



<p>Y fue ese domingo, que las pibas se vinieron desde Moreno hasta el departamento que alquilaba en Villa Luro. Gritaban por el balcón, sacaban una bandera que una de las pibas había improvisado en su casa, la agitaban en un barrio que parecía no comprender nuestro frenesí. Incluso, la vecina de al lado empezó a llamarme para reclamar que dejáramos de armar bardo, pero no la atendí. Ya nos estábamos yendo, rumbo a la plaza.</p>



<p>No sé cuántas horas estuvimos. Pero llegamos temprano, con el sol, y nos volvimos a la noche. Nos reíamos, nos abrazábamos, cantábamos, nos emocionábamos. Nos metimos en una de las fuentes y nos empapamos, aunque hacía frío para mojarse. En un momento, Naza se subió a un poste para colgar la bandera, y nosotras desde abajo la ovacionábamos. Era nuestra heroína de la tarde.</p>



<p>Al rato, o a la hora, nos fuimos con Wally a buscar un lugar tranquilo para mear. Mientras caminábamos alejándonos de la plaza, le dije, convencida: “al primer chabón que me cruce le voy a dar un pico”. Wally me miró y me empezó a desafiar con que no me animaría. Y yo, exultante de adrenalina, “que sí y que sí”.</p>



<p>Caminamos diez metros y me enfrenté con el elegido. Le expliqué la propuesta, y le pregunté si aceptaba (porque, ante todo, esto de que el cuerpo es de cada quien, por más adrenalina que sintiera siempre lo tuve claro). Sin dudarlo, me respondió que sí. Nos dimos el beso, que no fue ni excesivamente breve y ni exageradamente largo. Sin lengua, pero afectuoso y sentido. Después, nos miramos, nos sonreímos, y seguimos caminando, cada uno en dirección opuesta.</p>



<p>Estaba contenta, y lo chicaneaba a Wally: “¿Viste que me animé?”, y comentábamos lo lindo que había sido el beso. Wally se reía y me retrucaba: “Se podrían haber pasado el teléfono”. Pero la magia había sido esa, precisamente: ese gesto efímero de felicidad compartida.</p>



<p>A veces pienso en ese día, en esa anécdota, y en lo bien que representa esos momentos de celebración durante los años kirchneristas. Había un deseo que se expresaba en lo colectivo, en esas multitudes que nos mezclaban a distintas personas y generaciones, tal vez cada una con una idea diferente de por qué estábamos ahí. Era fresco, era espontaneo, y también fugaz. Estaba ahí, aunque no podía traducirse en algo más duradero. Si lo queríamos capturar, se nos escapaba. Era <em>naif </em>también. Nos impedía imaginar, entre otras cosas, que, dentro de cuatro <a>año</a>s, muchos derechos ganados serían borrados de un plumazo.</p>



<p>Los años kirchneristas se fueron, y hoy, al revisarlos, pienso que fueron años de mucho idealismo, donde magnificamos de heroísmo algunas políticas, y donde confundíamos permanentemente nuestro rol en el Estado. Todas y todos hablábamos como presidentas, más que como laburantes, o militantes, o lo que cada quien era.</p>



<p>Eso sí, nos encontrábamos en la Plaza, y de una particular manera, éramos felices. Volvíamos a la inocencia de un beso adolescente, y de sentir que todo estaba y estaría bien. Sentíamos que algo invisible nos unía, y que todo era posible. Jugar en la fuente, colgar una bandera, abrazar a alguien que no conocíamos, y de paso, cambiar el rumbo de nuestra historia.</p>

<p><a href="https://marcha.org.ar/los-anos-kirchneristas-gestos-efimeros-de-una-felicidad-compartida/">Source</a></p>]]></content:encoded>
					
		
		
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		<title>En el ojo del huracán: anunciar el balotaje</title>
		<link>https://marcha.org.ar/en-el-ojo-del-huracan-anunciar-el-balotaje/</link>
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		<dc:creator><![CDATA[Marcha]]></dc:creator>
		<pubDate>Tue, 27 Oct 2015 03:01:02 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Yo estuve ahí]]></category>
		<category><![CDATA[fotografia]]></category>
		<category><![CDATA[fpv]]></category>
		<category><![CDATA[mas noticias]]></category>
		<category><![CDATA[Opinion]]></category>
		<category><![CDATA[Scioli]]></category>
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					<description><![CDATA[Fotos y texto por Gustavo Pantano Esperar. Esperar es parte de este laburo. Algunos dicen que para lograr una buena fotografía es necesario ser paciente. Y en eso estábamos la noche del domingo cuando esperábamos que Daniel Scioli saliera por segunda vez a confirmar su triunfo. Al menos era lo que esperaba yo, que había [...]]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p><strong><em>Fotos y texto por Gustavo Pantano</em></strong></p>
<p><span style="font-weight: 400;">Esperar. </span></p>
<p><span style="font-weight: 400;">Esperar es parte de este laburo. Algunos dicen que para lograr una buena fotografía es necesario ser paciente. Y en eso estábamos la noche del domingo cuando esperábamos que Daniel Scioli saliera por segunda vez a confirmar su triunfo. Al menos era lo que esperaba yo, que había subestimado a Mauricio Macri. </span></p>
<p><span style="font-weight: 400;">La tarde noche había transcurrido con toda la algarabía de la liturgia peronista. Marcha, himno y letras alusivas apoyadas en melodías populares. Vientos, redoblantes y bombos se mezclaban entre el machacante reggaeton a todo volumen. Algunos colegas prefieren usar tapones en los oídos; yo prefiero respirar todo lo que suceda.</span></p>
<p><span style="font-weight: 400;">Pasaba el tiempo. Cada tanto me bajaba de la plataforma asignada a fotógrafos para hacer alguna foto en la tribuna, saludar a conocidos y hacer uso del catering. Había sido una larga jornada de corridas entre candidato y candidato.</span></p>
<p><span style="font-weight: 400;">Se hacía tarde y nada. Cerca de la medianoche “La Nación on line” habló de una escandalosa demora en aportar datos oficiales. En eso alguien avisó que hay ballotaje. ¿Cómo? Dan cifras. Nos miramos incrédulos. Me parece tan raro… Me lo confirman. Miro a la gente y veo que hay gente que empieza a retirarse. Otros que arrian banderas. No podía creerlo. Pensé en Randazzo ¿Se estaría frotando las manos o se estaría haciendo las mismas preguntas que nosotros? Pensé en la lascivia de los fachos, de su amor a los dólares y de su odio a los “negros de mierda”. Como un rato antes, cuando en el Luna Park era de día, y un día peronista, aunque fuera de noche en la ciudad, bajé a registrar el momento.</span></p>
<p><span style="font-weight: 400;">Hice varios retratos parecidos. No era raro encontrar la desazón en muchos militantes. Miradas tristes, cabezas gachas, y un rictus fúnebre en muchos, aturdidos por la noticia.</span></p>
<p><span style="font-weight: 400;">Y entonces encontré a estos cuatro jóvenes que creo, resumen el clima del momento.</span></p>

<p><a href="https://marcha.org.ar/en-el-ojo-del-huracan-anunciar-el-balotaje/">Source</a></p>]]></content:encoded>
					
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		<title>En el ojo del huracán: represión en el ENM</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Marcha]]></dc:creator>
		<pubDate>Tue, 20 Oct 2015 03:00:50 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Yo estuve ahí]]></category>
		<category><![CDATA[30ENM]]></category>
		<category><![CDATA[cultura]]></category>
		<category><![CDATA[ENM]]></category>
		<category><![CDATA[fotografia]]></category>
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		<category><![CDATA[represión]]></category>
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					<description><![CDATA[Relato de fotógrafos y fotógrafas sobre una foto, como fue tomada y cuales son sus repercusiones]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p dir="ltr"><strong>Fotos y texto por Nadia Sur</strong></p>
<p dir="ltr">Soy fotógrafa y al igual que miles de mujeres, yo estuve ahí. Ahí en el 30 ENM y, como otras tantas, ahí, en medio de la represión. Intento recordar los hechos de manera ordenada y no puedo. La violencia, la indignación y el dolor inundaron mi cabeza, desordenando todo desde el momento en el  que la policía empezó a dispararles a las mujeres.</p>
<p dir="ltr">Como lo tenía planeado, empecé a tomar las fotos de adelante hacia atrás, arrancando por la comisión organizadora y pasando por todas las agrupaciones. A lo largo de las cuadras fui caminando (corriendo) para no perder nada de material fotográfico.. Un gesto, un grito, una pintada, una bandera, una cantidad impresionante de mujeres… todo lo fui encontrando y fotografiando. De tanto en tanto volvía con mis compañeras del FPDS, entre quienes estaban mi mamá, mi tía, mi hermana y mi sobrina, para ir contando lo que veía más adelante.</p>
<p dir="ltr">Pero lo que no pude anticipar fue lo que vino después. Me encontré llegando a la catedral de Mar del Plata minutos antes que avanzara la marcha ya desdoblada, y ahora encabezada por la Campaña Nacional por el Derecho al Aborto Legal, Seguro y Gratuito. Lo primero que vi es un grupo de hombres en la entrada al edificio, alineados “protegiendo su templo”; uno de los paños de la reja derribado y un grupo de mujeres proclamando diversas consignas. También vi a la policía en un costado. Mi primera reacción fue ubicarme donde pudiera registrar la entrada del grueso de mujeres que aún estaba a media cuadra. Me apuré para treparme a la reja de la catedral y me senté en lo más alto y lo más cerca, justo en la entrada.</p>
<p dir="ltr">Estaba contenta: tenía una visión privilegiada. Llegué a tomar unas 30 fotos, entre las que se encuentra la de esta nota, pero, paradojas de la vida, me quedé sin batería en la cámara. A esa altura ya no podía bajarme de la reja, había mucha gente y el clima se estaba enardeciendo cada vez más, así que me quedé observando lo que pasaba: miles de mujeres gritando por sus derechos, reclamando la complicidad de la iglesia por las violencias ejercidas contra nosotras durante tantos y tantos años.</p>
<p dir="ltr">Para ser sincera lo primero que me puso un poco tensa fue ver a un hombre de civil con un arma y que escondía  detrás de sus piernas.  De golpe, gritos, pintura  y botellas que volaban. Los hombres que estaban ahí apostados (entre los que estaba Carlos Pampillón) dejaron lugar a la infantería. Vi volar más cosas para ambos lados. Un pequeño fuego que  se encendió con unos cartones.</p>
<p dir="ltr">Hubo unos segundos en los que no entendí qué pasaba, donde no me di cuenta de que esos ruidos eran balas de goma.</p>
<p dir="ltr">Cuando tomé conciencia de lo vulnerable de mi posición ahí arriba, sentada, dudé unos segundos en si tirarme o no, no quería lastimar a nadie, ni golpearme en la caída. No pude aguantar más: el miedo que sentí me obligó a arrojarme de esa altura y caer sobre alguien.</p>
<p dir="ltr">Minutos después me encontraría con dos colegas y tendríamos que seguir alejándonos porque los gases lacrimógenos empezaron a hacer efecto en nuestros cuerpos. Lo que siguió es más confuso en mis recuerdos. Corridas, más balas de goma, más gases. No entraba en mi cabeza lo que estaba pasando, y me empecé a desesperar por reencontrarme con mis compañeras y mi familia. Minutos más tarde pude atravesar esa plaza donde seguían disparando las balas de goma y unas cuadras mas adelante me encontré con las mías, con un nudo en la garganta y los ojos mojados entre los gases y las lágrimas de preocupación e indignación.</p>
<p dir="ltr">Podría seguir el relato con lo que siguió esa noche, la desesperación por encontrar a las compañeras perdidas en ese momento, la incertidumbre de los rumores luego confirmados de que había detenidas dentro de la catedral, pero hasta acá llegan mis recuerdos en relación con lo que viví para tomar esta foto.</p>
<p>Al día siguiente, ya cada una de nosotras emprendiendo el regreso, aún dolidas por tanta violencia me llegó este mensaje de mi mamá: “Hoy tengo una bronca, que ni en pedo nos van a callar”.</p>

<p><a href="https://marcha.org.ar/en-el-ojo-del-huracan-represion-en-el-enm/">Source</a></p>]]></content:encoded>
					
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