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	<title>Crónica &#8211; Marcha</title>
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	<description>Periodismo popular, feminista y sin fronteras</description>
	<lastBuildDate>Fri, 28 Jul 2023 16:50:45 +0000</lastBuildDate>
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	<title>Crónica &#8211; Marcha</title>
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		<title>Mundial de fútbol femenino: Rendirse jamás</title>
		<link>https://marcha.org.ar/mundial-de-futbol-femenino-rendirse-jamas/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[Marcha]]></dc:creator>
		<pubDate>Fri, 28 Jul 2023 16:49:58 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Crónica]]></category>
		<category><![CDATA[Deportes]]></category>
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		<category><![CDATA[Futbol femenino]]></category>
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		<category><![CDATA[Seleccion Argentina]]></category>
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					<description><![CDATA[Otro empate que nos hizo gritar. Un resultado con sabor a repunte. A victoria. Queda otro partido aún y acá seguimos pensando cómo hacemos para juntarnos un miércoles a las 4 de la mañana.]]></description>
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<p><em>Otro empate que nos hizo gritar. Un resultado con sabor a repunte. A victoria. Queda otro partido aún y acá seguimos pensando cómo hacemos para juntarnos un miércoles a las 4 de la mañana.</em><br><br><strong>Por Nadia Fink</strong></p>



<p>Otro empate que nos hizo gritar. Sí. En 2019, en Francia, perdíamos 3 a 0 y empatamos. Terminamos 3 a 3 y lo celebramos infinito.</p>



<p>Hoy fue un primer tiempo raro. No muy bien jugado. Banini intentó por el centro y no pareció cómoda. El fútbol no llegaba ni de un lado ni de otro. Pero Sudáfrica fue más rápida. Y los errores se pagaron caro. Linda Motlhalo la empujó al arco. Hubo VAR pero el gol era válido. 1 a 0 y a seguir. El 2 a 0 llegó en un buen momento de Argentina.</p>



<p>Segundo tiempo y el partido pedía cambios. Entró Yamila Rodríguez, la criticada por antifutbol, la bulineada en la semana por ir al compas del corazón.  Entró y le cambió la cara al equipo y al sentir. Entró a los gritos, a pura arenga.</p>



<p>Y sirvió. El equipo fue otro. Bonsegundo, de las mejores de Argentina, entendió el guiño y le metió. La Selección empezó a crecer y fue un remate de afuera del área (cuándo no) de Brown. Al rato, ya encendidas, ya yendo al frente, Yamila tira el centro y Nuñez la desvía. Centro, cabezazo y gol. 2 a 2 y el grito salió todo junto. En la cancha y en el Club Malvinas, donde éramos un montón alentando a las pibas.</p>



<p>Pitazo final. Un empate con sabor a repunte. A victoria. Queda otro partido aún y acá seguimos pensando cómo hacemos para juntarnos un miércoles a las 4 de la mañana. Miedo y sueño nunca tuvimos. Y creemos mucho, pero mucho, en esta Selección.</p>

<p><a href="https://marcha.org.ar/mundial-de-futbol-femenino-rendirse-jamas/">Source</a></p>]]></content:encoded>
					
		
		
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		<title>Qatar 2022: De los papelones se sale poniendo el pecho</title>
		<link>https://marcha.org.ar/qatar-2022-de-los-papelones-se-sale-poniendo-el-pecho/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[Marcha]]></dc:creator>
		<pubDate>Wed, 23 Nov 2022 15:58:41 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Crónica]]></category>
		<category><![CDATA[Deportes]]></category>
		<category><![CDATA[destacadas]]></category>
		<category><![CDATA[Fútbol masculino]]></category>
		<category><![CDATA[Lastima a nadie]]></category>
		<category><![CDATA[Lucas Jiménez]]></category>
		<category><![CDATA[Mundial]]></category>
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		<category><![CDATA[selección argentina]]></category>
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					<description><![CDATA[Ya sufriste cosas mejores que estas...]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[
<p><em>¿Quién dijo que iba ser fácil esto? Hay sorpresas en los mundiales. Nos tocó ser parte de una histórica y dolorosa. A poner la cara y salir. Trabajando, mejorando y luchando. Ya sufriste cosas mejores que estas y vas a andar esta ruta hoy cuando anochezca. </em></p>



<p><strong>Por Lucas Jiménez.</strong></p>



<p><strong>23 de junio de 1997.</strong>&nbsp;En Malasia Argentina cierra el grupo del Mundial Sub 20 contra Australia. Necesita un empate para pasar primero. El equipo tiene nombres, idea de juego consolidada por el técnico, todo en orden. Arranca ganando 1 a 0 con gol de Bernardo Romeo a los 9 minutos y se confía. El rival le mete dos goles en dos minutos y le da vuelta el partido. Llega a ponerse 3-1. Argentina lo empata pero finalmente pierde 3-4 por un gol en el último minuto. Queda segundo en el grupo. Traga veneno y en octavos y cuartos de final baja a Inglaterra y Brasil. Con Riquelme y Aimar, con Samuel y Scaloni. Con la tierra en la boca, luego de tocar el piso, gana todos los partidos hasta el final</p>



<p><strong>11 de junio de 2005.</strong>&nbsp;Argentina debuta en el Mundial Sub 20 contra Estados Unidos y pierde 1 a 0 para sorpresa de todo el mundo. Al otro día los mismos jugadores, el presidente de la AFA, Julio Grondona, y toda la prensa se pregunta ¿por qué Messi no jugó de titular? El capitán Pablo Zabaleta le dice al DT Pancho Ferraro que si era necesario salía él, pero que Leo tenía que jugar.</p>



<figure class="wp-block-image"><img src="https://lastimaanadiemaestro.files.wordpress.com/2022/11/59a58036f25c3.jpg?w=663" alt="" class="wp-image-14736"/></figure>



<p>Argentina se recuperó y con su mejor jugador en cancha ganó los próximos dos partidos. No le alcanzó para ganar su grupo, pero sí confianza. Así llegó a la final bajando muñecos grosos: el campeón Sudamericano Colombia, Brasil y la camada de España que venía de ganar el Sub 17. La final fue contra Nigeria, aún con Messi y Agüero, a Argentina le costó un montón. Ganó con dos goles de penal. No hay nada fácil en un campeonato mundial.https://www.youtube.com/embed/tMd_o5G6U3Y?version=3&amp;rel=1&amp;showsearch=0&amp;showinfo=1&amp;iv_load_policy=1&amp;fs=1&amp;hl=es&amp;autohide=2&amp;wmode=transparent</p>



<p><strong>22 de noviembre de 2022</strong>. En su debut en el Mundial de Qatar Argentina mete muchos goles el primer tiempo contra Arabia Saudita, pero solo vale uno. Nunca puede someter al rival. Hace lo que el DT Hervé Renard quiere, que lancemos pelotazos para una línea adelantada que tiene muy bien laburado salir para que el que pica quede en offside. La Scaloneta nunca junta pases por el medio. Es vertical y busca golear o sufrir. Pasa lo segundo. Al comienzo del segundo tiempo Messi pierde una pelota en la mitad de la cancha y detrás de él quedan 5 compañeros. Los más cercanos, Paredes y De Paul, quedan fuera de foco por un pase hacia adelante a Al-Sheri. El 11 la tira la larga y le gana al Cuti Romero. Define bárbaro cruzado y empata el partido.</p>



<p>Ese gol transforma las dudas de Argentina en pánico. El segundo tanto de Arabia es inconcebible para un equipo serio con pretensiones de jugar los 7 partidos en Qatar. Con doble marca encima Al-Dawsari gira en el área, con otros dos tipos tratando de bloquearlo, el 10 igual remata y pone el 2-1 nockeador.</p>



<p>Ocho minutos de tibieza en una copa del mundo se pagan así. Los cambios levantan un poco el semblante. Tagliafico mete una triple trabada que contagia al resto. No alcanza porque Argentina empuja mucho, genera poco y concreta nada.</p>



<figure class="wp-block-image"><img src="https://lastimaanadiemaestro.files.wordpress.com/2022/11/637cb9ab7aa41.jpg?w=1024" alt="" class="wp-image-14738"/></figure>



<p>Ni VAR, ni excusas, ni mala suerte. Sale el Capitán. sobreviviente del 11 de junio del 2005, y le pone el pecho al papelón. Pide “que la gente confíe que este grupo no los va a dejar tirados”. El DT, campeón Sub 20 en Malasia, va en la misma línea y habla de “levantar la cabeza y seguir”. El que ya jugó un mundial, aún en juveniles, sabe que estas cosas pueden pasar si bajas la guardia y la intensidad. Que estas competencias que duran un mes exigen que se aprovechen los buenos momentos de los jugadores (Julián Álvarez y Enzo Fernández), que si llegas sin ritmo de partidos das ventaja (Cuti Romero), que si venís en un semestre flojo cuesta recuperar la confianza de un día para el otro (Nahuel Molina).</p>



<p>Hay que ajustar, hay que cambiar y hay que volver a ser. Ser inteligentes para detectar por donde ir en cada momento, ser insoportables en bloque para recuperar la pelota, moverse, tocar. Ser lo que fuimos. Todo lo que hoy no hicimos. La fase de grupos es la única instancia de un mundial donde podes perder un partido. Nosotros no funcionamos agrandados sino luchando. Volvamos a la lucha y que México maldiga el día que Arabia osó mojarnos la oreja. Transitemos estos días en el pozo y salgamos el sábado sin vergüenza llenos de tierra en la ropa. Pongámosle el pecho al momento que tocó.</p>



<p>*Cobertura del Mundial 2022 Lastima a Nadie, Maestro</p>

<p><a href="https://marcha.org.ar/qatar-2022-de-los-papelones-se-sale-poniendo-el-pecho/">Source</a></p>]]></content:encoded>
					
		
		
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		<item>
		<title>Yo me muero como viví: crónica de la agitada despedida a Maradona</title>
		<link>https://marcha.org.ar/yo-me-muero-como-vivi-cronica-de-la-agitada-despedida-a-maradona/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[Marcha]]></dc:creator>
		<pubDate>Fri, 27 Nov 2020 23:14:15 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Crónica]]></category>
		<category><![CDATA[Deportes]]></category>
		<category><![CDATA[10 del 10]]></category>
		<category><![CDATA[Casa Rosada]]></category>
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		<category><![CDATA[Policía Federal]]></category>
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					<description><![CDATA[En medio del llanto colectivo y la represión de las fuerzas de seguridad, el último adiós a Maradona fue un corto sobre su vida: desorden, pasión, amor colectivo y llanto a mares. Todo con el telón de fondo del poder acechando sobre el pueblo. Por Iván Barrera / Foto: Hernán Vitenberg ¿Cuándo comienza un adiós?, [...]]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p><em>En medio del llanto colectivo y la represión de las fuerzas de seguridad, el último adiós a Maradona fue un corto sobre su vida: desorden, pasión, amor colectivo y llanto a mares. Todo con el telón de fondo del poder acechando sobre el pueblo.</em></p>
<p><strong>Por Iván Barrera / Foto: Hernán Vitenberg</strong></p>
<p>¿Cuándo comienza un adiós?, ¿y cuándo termina? ¿Empieza con la primera lágrima o con la última sonrisa?, ¿termina en el abrazo o en el aceptar que una parte nuestra se acaba de ir?</p>
<p>El jueves, cuando el cielo celeste se tiñó del blanco de los gases lacrimógenos arrojados por la Policía Federal, pensé en los adioses pendientes, en la cantidad de almas que se quedaron con las ganas de despedir al pibe de Fiorito, de darle el último adiós a esa parte de su vida tan singular y tan particular que solo une conoce. Quienes lo vieron jugar, quienes escucharon hablar de él, quienes gritaron sus goles con la oreja bien pegada a la radio, quienes lloraron, quienes aprendieron, quienes lo odiaron en todas y cada una de sus actitudes destructivas para con él y para con el resto, quienes lo vieron en video, quienes escucharon sus historias de sus madres, padres, abueles.</p>
<p>¿Qué significa Diego para vos? Una pregunta con 40 millones de respuestas. Pero una pregunta, también, que a persona alguna deja exenta de respuesta. Y de respuesta efervescente, pasional… la indiferencia nunca fue una palabra asociada a su figura.</p>
<p>Maradona nació de las entrañas del pueblo, vivió en el pueblo, llevó el pueblo en cada una de sus camisetas y fue enterrado por el pueblo. Maradona logró lo que ningún gobierno, ningún mundial, ningún slogan ni ninguna publicidad berreta pudo: juntar a cientos de miles de personas en las calles, luciendo sus camisetas, sus gorros, sus pilusos, sus cadenitas y sus banderas, de todos los equipos, de acá, de afuera, de selecciones. Un pueblo futbolero unido, abrazado, que derramó las mismas lágrimas, lució las mismas sonrisas, compartió anécdotas nuevas o las que escuchamos mil quinientas veces; todo mientras cantaba canciones de cancha. Y eso sí, canciones que mostraban el amor por el Diego, porque las camisetas quedaron de lado por un rato y los cantos de cuadro propio, también.</p>
<p>Se respiraba una interminable caravana del pueblo futbolero que solo fue interrumpida por un cordón policial, un “acá no pasa nadie más” De cualquier forma la fiesta siguió, las canciones brotaron, las anécdotas siguieron girando, alguna que otra entrevista y el que no salta es un inglés y el que no salta es un botón, expresión que bien supo acuñar el homenajeado.</p>
<p>Ni el paso del tiempo, ni el sol que arremetía sin piedad contra las cabezas, ni la incertidumbre de qué estaba pasando pudo siquiera pausar el fervor popular. Fue tal vez por eso mismo que la policía intentó, probó apagar a bastonazos tanto fuego. De arremetida, entre canción y canción, el cordón policial comenzó a empujar con sus escudos y luego de que la gente los calmara, comenzaron a llegar motos y motos, con policías que hacían posturas circenses y se paraban amenazantes y haciendo equilibrio, aún lejos de llegar al cordón. Y ahí, también, el comienzo del adiós.</p>
<p>Tirar gases lacrimógenos hacia un grupo de gente que ya estaba llorando desde antes, desde mucho antes, me parece poéticamente estúpido. Esa poesía que sólo pueden escribir las fuerzas represivas. Mira si voy a llorar por tus gases, lloro porque se me da la gana, lloro porque una parte de mí se está muriendo, lloro porque no puedo despedir esa parte de mi infancia que está encerrada en un cajón, que está contenida en este llanto, en este grito de gol que me anularon. Lloro porque nos están mandando a la B con un equipazo. Lloro porque vos, que no entendés nada, me apuntás con un arma y yo, que sí entiendo, no tengo más que un corazón que se parte. Lloro porque se me parte el alma de ver a mi alrededor tanta gente llorar. Tirá todos los gases que quieras, yo lloro porque no tengo más que una camiseta pegada al corazón y una angustia que va de Fiorito a Nápoli ida y vuelta.</p>
<p>En el tumulto, en las corridas, vi a un tipo tirado en el suelo. Pienso que le dieron, que lo alcanzaron las balas de goma o los gases no lo dejaron respirar, pero no. A él le cortaron las piernas de la peor manera. El tipo llora desconsolado, abrazado a una foto suya con el Diego. Llora y no puede siquiera abrir los ojos para ver a la policía que acecha con sus escudos y sus motos cada vez más cerca.</p>
<p><em>-Vamos, guacho, levantate. Cuando se calme todo entramos</em></p>
<p><em>-No puedo</em></p>
<p><em>-Dale, dale que ahora se va la yuta y entramos</em></p>
<p><em>-No puedo, hermano, no puedo</em></p>
<p>Era todo lo que repetía, “<em>no puedo</em>”. ¿Con qué piernas se iba a levantar?. Lloraba y se hundía en la foto, abrazado a la foto, abrazado a Diego, abrazado a su infancia, abrazado a todo lo que significaba para él despedirse del Pelusa. Abrazado a ese adiós.</p>
<p>Nos cortaron las piernas, nos cortaron la despedida, pero no pudieron apagar el fuego. Los abrazos que se replicaban en la dulce espera se multiplicaron en medio de la represión. Maradona se despidió del pueblo haciéndose pueblo, así, contradictorio, revoltoso, desprolijo, bochinchero, así, volviéndose canción, abrazo de gol y abrazo de llanto, transformándose en mil banderas de mil equipos distintos, siendo insulto a la autoridad, como la que enfrentó a lo largo de toda su vida.</p>
<p>Chau, Dieguito, nos vamos de la plaza con las zapatillas desatadas, las medias bajas y la cabeza en alto. Nos vamos con el corazón hecho pelota de trapo, con el barro en las rodillas y la mirada en el cielo. Nos vamos con ganas de hacer jueguito con una pelota o con una naranja, con las ganas de tirarle un caño a la yuta ida y vuelta, porque a este pueblo no se le escapa la tortuga. Chau mostro, mandale un beso a doña Tota, de parte nuestra y de la redonda.</p>

<p><a href="https://marcha.org.ar/yo-me-muero-como-vivi-cronica-de-la-agitada-despedida-a-maradona/">Source</a></p>]]></content:encoded>
					
		
		
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		<item>
		<title>Ansu Fati: Tirando paredes de Barcelona a Guernica</title>
		<link>https://marcha.org.ar/ansu-fati-tirando-paredes-de-barcelona-a-guernica/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[Marcha]]></dc:creator>
		<pubDate>Wed, 07 Oct 2020 03:04:48 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Crónica]]></category>
		<category><![CDATA[Deportes]]></category>
		<category><![CDATA[Barcelona]]></category>
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					<description><![CDATA[Llueve en Guernica. A la toma llegan funcionarios sin soluciones y son echados del predio. En las afueras, dos militantes son baleados por la policía. Hay un desalojo previsto para el 15 de octubre próximo. Y mientras tanto, del otro lado del Atlántico, Ansu Fati, la joven estrella del Barcelona, marca dos goles en pocos [...]]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p><em>Llueve en Guernica. A la toma llegan funcionarios sin soluciones y son echados del predio. En las afueras, dos militantes son baleados por la policía. Hay un desalojo previsto para el 15 de octubre próximo. Y mientras tanto, del otro lado del Atlántico, Ansu Fati, la joven estrella del Barcelona, marca dos goles en pocos minutos y no deja medio deportivo sin hablar del nuevo Messi. ¿Cómo se cruzan estas dos historias?</em></p>
<p><strong>Texto e ilustración por Iván Martín Barrera</strong></p>
<p>Desde que Messi dejó de ser <em>el nuevo Maradona </em>para ser Messi, el mundo futbolero se desvive por encontrar al<em> nuevo Messi</em>. Si bien muchos pasaron sin pena ni gloria –o con más pena que gloria– por ese galardón, Anssumane Fati Vieira es el nuevo poseedor del título a la espera de romper con la maldición y de que en un futuro próximo, los zurdos habilidosos sean catalogados como <em>el nuevo Ansu Fati</em></p>
<p>El muchacho en cuestión nació hace 17 años en Guinea-Bisáu, un pequeño país apenas más grande que la provincia de Misiones, donde dos de cada tres personas viven en extrema pobreza. Un país que antes de ser república fue una colonia portuguesa, y como toda colonia sufrió la esclavitud y la masacre de su población originaria por parte del Reino de Portugal. Anssumane tiene sangre futbolera. Su padre, Bori Fati, fue un destacado lateral izquierdo del Sporting de Bafatá de su ciudad, del Benfica de Bissau y un defensor de la camiseta de su selección.</p>
<p>Si bien Bori es ídolo en Bafatá, a tal punto que afirman que Ansu siempre será “el hijo de Bori” para el pueblo futbolero, migró a Portugal en 1998 tras el nacimiento de su primer hijo para buscar un sustento económico para su familia. Allí emprendió diversos oficios aparte de seguir pateando las canchas de ligas amateurs. Entre idas y venidas escuchó hablar de Marinaleda, un pequeño municipio andaluz. Escuchó de un alcalde singular con un programa de tintes comunistas que ofrecía vivienda y trabajo a cualquiera que quisiera pisar su suelo. Y hacia Marinaleda encaró Bori, con la ilusión como bandera, con el sueño de ubicar a su familia en un lugar que les permitiera tener una vida plena. Allí también empiezan a cruzarse nuestras historias.</p>
<h3><strong>Guernica- Buenos Aires &#8211; Argentina &#8211; año 2020</strong></h3>
<p><strong> </strong>Guernica es la ciudad cabecera del partido de Presidente Perón, Provincia de Buenos Aires, distante a una hora en colectivo desde la Capital. Sus tierras fueron originalmente ocupadas por pueblos querandíes hasta que la colonización española y la propia argentina hicieron estragos con su población.</p>
<p>En la Argentina de 2020, 4 de cada 10 personas viven en la pobreza, número que se vuelve aún más abrumador si se observan las infancias. Entre estudios públicos y privados, se estima que se necesitan entre 3,5 y 4 millones de viviendas más para terminar con la crisis habitacional en el país. En total, una de cada tres personas tiene problemas de vivienda. Solo en la Capital del país duermen cada noche 7 mil personas en la calle, mientras que aproximadamente 150 mil viviendas permanecen desocupadas esperando que la renta inmobiliaria llene las arcas de unos pocos una vez más.</p>
<p>En julio de 2020, miles de familias ocuparon terrenos baldíos en Guernica y comenzaron la urbanización de un barrio improvisado. La inmobiliaria El Bellaco S.A es quien comenzó el proceso judicial como supuesta “dueña” de las tierras ocupadas, pero sin presentar títulos de propiedad, escritura de dominio o papel registral, según detalla el abogado de parte de las familias. En esos terrenos estaba planificada la construcción de un barrio cerrado (o country) y un club privado. El proceso judicial terminó con una orden de desalojo con uso de la fuerza represiva, cuya fecha hoy está fijada el 15 de octubre, a pesar de que en el terreno se encuentran viviendo más de 3000 infancias.</p>
<h3><strong>Marinaleda &#8211; Sevilla &#8211; España &#8211; año 2009</strong></h3>
<p style="text-align: right;"><span style="font-size: 10pt;"><em>Dicen que aquí el alcalde es muy singular</em></span></p>
<p style="text-align: right;"><span style="font-size: 10pt;"><em>Descalzo, con el pelo calvo y sin afeitar</em></span></p>
<p style="text-align: right;"><span style="font-size: 10pt;"><em>Integridad, humildad, lealtad, honestidad</em></span></p>
<p style="text-align: right;"><span style="font-size: 10pt;"><em>Un grano en el culo al capital</em></span></p>
<p style="text-align: right;"><span style="font-size: 10pt;"><em>Agua, tierra y semilla van a alcanzar</em></span></p>
<p style="text-align: right;"><span style="font-size: 10pt;"><em>Una preciosa armonía en colectividad</em></span></p>
<p style="text-align: right;"><span style="font-size: 10pt;"><em>(“</em>Marinaleda”<em> &#8211; Ska-p)</em></span></p>
<p>Marinaleda es un municipio de la provincia de Sevilla, al sur de España. Desde 1979 su alcaldía la ocupa Juan Manuel Sánchez Gordillo, perteneciente a la Candidatura Unitaria de Trabajadores (CUT). Sánchez Gordillo lleva adelante un programa de trabajo y vivienda que sostiene el pleno empleo en todo el municipio producto de la rotación centralizada del trabajo, así como también un proyecto mediante el cual cada familia cuenta con una casa con todas sus comodidades, construida por los mismos obreros de la comunidad. En una entrevista con CQC, Sánchez Gordillo explicaba que, para conseguir el pleno empleo, “hemos conseguido que la tierra sea de quien la trabaja. Con el medio de producción tierra y con el medio de producción industria, la riqueza que genera el obrero con su trabajo vuelve al obrero en forma de nuevos puestos de trabajo. No se reparten beneficios y todo el mundo cobra lo mismo”.</p>
<p>El alcalde contaba con orgullo que en el municipio no hay policías ni curas: “No hay Policía porque no es necesaria. Si todos los vecinos ayudamos a plantar árboles, no va a venir luego ninguno a arrancarlo”. Marinaleda es netamente agrícola, con solamente algunas industrias alimenticias. Cuando fue consultado por Gonzalito, de CQC, sobre cómo habían conseguido las tierras para trabajarlas de forma cooperativa la respuesta fue: “Ocupándolas. La riqueza de los terratenientes en Andalucía es un robo, la tierra no es de nadie. Todavía podemos ocupar algunas fincas más, por ejemplo las de la Duqueza de Alba, que tiene 35 mil hectáreas, que también se le puede sacar algunas tierras que tiene para que trabajen de forma cooperativa. Ahora estamos ocupando una tierra en la provincia de Córdoba, donde el 2% de los propietarios tiene el 50% de la tierra cultivada”.</p>
<p>Fue este singular alcalde el que le dio a Bori la bienvenida al pueblo, con la promesa de tener techo y trabajo para él y su familia. &#8220;Al joven que quiere una tierra, nosotros le damos el suelo gratuito, los albañiles gratuitos, le ponemos el arquitecto que es municipal y ellos ponen su trabajo desde que empieza la casa hasta que termina&#8221;, prometía Sánchez Gordillo. Bori Fati llegó solo a Marinaleda y pronto se pudo asentar. Desde la alcaldía lo ayudaron con sus papeles migratorios, los cuales eran completamente irregulares, y en pocos años lo ayudaron económicamente para que comprara los pasajes de avión para traer a toda su familia. En ese avión viajaba el pequeño Ansu, con solo seis años y una pelota hecha de medias en la mochila. El sueño de Bori estaba completo: tenía tierra, techo, trabajo y a su familia unida. El de Ansu, que pasó de patear las calles de Bissau a las de Marinaleda, recién empezaba.</p>
<p>Ansu empezó a patear en la vereda hasta que empezó a jugar para el CDF Herrera, de la localidad vecina a Marinaleda. En 2010, con solo 8 años, ya fue tentado por el Sevilla y fue ahí donde empezó a tentar a todo el mundo. Si algo tienen bien afinado los clubes españoles es a los “observadores”, que van de ciudad en ciudad buscando al próximo talento, al próximo Messi sin descubrir. Y el boca en boca de que en Sevilla había dos hermanos bissau guineanos que a la redonda la dejaban chiquita empezó a correr. A la puerta de la familia Fati la tocaron muchos, pero fueron los ojeadores del Barcelona los que terminaron de persuadir a la familia de Ansu para que se mudaran a Catalunya, ofreciéndoles un nuevo techo y un contrato oneroso. Y allí fue Ansu, con solo 10 años, a formar parte de las inferiores del culé.</p>
<h3><strong>Barcelona &#8211; Catalunya &#8211; España &#8211; año 2020 </strong></h3>
<p>Ansu es récord. Ansu llegó a las inferiores del Barcelona para demostrar que estaba para la primera, para La Liga, la Champions y para decirle a Messi que se quedara tranqui, que alguien iba a cuidar a su Barsa querido si él decide irse. Con solo 16 años se convirtió en el jugador más joven en marcar un gol con el Barcelona. Fue en el empate 2 a 2 frente al Osasuna a solo 5 minutos de entrar. También se convirtió en el jugador del Barsa más joven en debutar en UEFA.</p>
<p>La nacionalidad española le permitió disputar partidos para esa Selección, país en el que vivió la mayor parte de su vida. Jugó algunos partidos para la sub 21, pero le quedó chica pronto, así que en agosto de este año fue convocado para jugar con la Selección mayor. El 6 de septiembre marcó su primer gol con la roja, y logró así un nuevo récord, el de ser el más joven goleador de la selección española. Todo esto llevó a que el Barcelona hiciera un mega blindaje: al contrato inicial, con cláusula de rescisión de 100 millones de euros por tres años firmado en julio de 2019, se lo cuadriplicó el mes pasado.</p>
<p>Hoy Ansu es récord. Es tapa en todos los medios, se reproducen en <em>loop</em> los goles, el abrazo con Messi, su humildad, su cariño, su agradecimiento. Hoy Ansu es el nuevo Messi a la espera de que mañana algún otro gurí que juega con pelota de trapo en las tierras de Guinea-Bisáu, o en cualquier otra parte del mundo, sea catalogado como el nuevo Ansu.</p>
<p>“Había una necesidad básica que era la de tener techo. Acá veníamos de 3 o 4 generaciones viviendo en la misma casa. Nosotros no queremos la propiedad, queremos el uso de por vida de las tierras. La tierra no se compra ni se vende, y la vivienda no puede ser una mercancía; es un derecho”. Estas son palabras de Sánchez Gordillo, el primero que ofreció techo y trabajo a la familia Fati. Tierra y techo en terrenos ocupados, ocupados para producir y para vivir.</p>
<p>En Guernica la orden de desalojo sigue vigente mientras el gobierno ofrece respuestas muy poco satisfactorias. El sol seca el barro que afloró a montones tras las lluvias y permite que los pibes y las pibas vuelvan a pelotear bajo el sol, con canchas improvisadas. 3000 infancias con 3000 sueños aguardan una solución que no sea que la policía desaloje el predio a la fuerza, mientras se calientan las ollas y las bochas vuelan con sueños de campeón.</p>
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<p><figure id="attachment_52038" aria-describedby="caption-attachment-52038" style="width: 410px" class="wp-caption aligncenter"><img loading="lazy" class="size-medium wp-image-52038" src="http://www.marcha.org.ar/wp-content/uploads/2020/10/Ansu-Fati4-410x410.jpg" alt="Lxs pibxs de Guernica" width="410" height="410" srcset="https://marcha.org.ar/wp-content/uploads/2020/10/Ansu-Fati4-410x410.jpg 410w, https://marcha.org.ar/wp-content/uploads/2020/10/Ansu-Fati4-1024x1024.jpg 1024w, https://marcha.org.ar/wp-content/uploads/2020/10/Ansu-Fati4-150x150.jpg 150w, https://marcha.org.ar/wp-content/uploads/2020/10/Ansu-Fati4-640x640.jpg 640w, https://marcha.org.ar/wp-content/uploads/2020/10/Ansu-Fati4-446x446.jpg 446w, https://marcha.org.ar/wp-content/uploads/2020/10/Ansu-Fati4-320x320.jpg 320w, https://marcha.org.ar/wp-content/uploads/2020/10/Ansu-Fati4-100x100.jpg 100w, https://marcha.org.ar/wp-content/uploads/2020/10/Ansu-Fati4.jpg 1080w" sizes="(max-width: 410px) 100vw, 410px" /><figcaption id="caption-attachment-52038" class="wp-caption-text"><strong>Lxs pibxs de Guernica</strong></figcaption></figure></p>

<p><a href="https://marcha.org.ar/ansu-fati-tirando-paredes-de-barcelona-a-guernica/">Source</a></p>]]></content:encoded>
					
		
		
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		<title>Peronismo, chori y un santo negro. Cuando Muhammad Alí cruzó el Puente Alsina</title>
		<link>https://marcha.org.ar/peronismo-chori-y-un-santo-negro-cuando-muhammad-ali-cruzo-el-puente-alsina/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[Marcha]]></dc:creator>
		<pubDate>Thu, 04 Jun 2020 11:00:12 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Crónica]]></category>
		<category><![CDATA[Deportes]]></category>
		<category><![CDATA[CGT]]></category>
		<category><![CDATA[José Ignacio Rucci]]></category>
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					<description><![CDATA[A cuatro años de la partida de Muhammad Alí recordamos la noche en la que comió un asado en Lanús. A mediados de noviembre de 1971, el boxeador había llegado al país para una exhibición, contratado por la Unión Obrera Metalúrgica y Canal 9. Los anfitriones de esa noche fueron con José Ignacio Rucci y Lorenzo Miguel.]]></description>
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<p><em>A cuatro años de la partida de Muhammad Alí recordamos la noche en la que comió un asado en Lanús. A mediados de noviembre de 1971, el boxeador había llegado al país para una exhibición, contratado por la Unión Obrera Metalúrgica y Canal 9. Los anfitriones de esa noche fueron con José Ignacio Rucci y Lorenzo Miguel.</em></p>



<p><em><strong>Por Juan Stanisci</strong></em></p>



<p>La multitud se tira encima del ex campeón mundial como una bandada de palomas sobre un pedazo de pan. Los tipos de seguridad arman un dique humano para subirlo al auto. El estadio de Atlanta ruge como el Madison Square Garden para acercarse al Hombre. Como si quisieran devorarlo. Guardarlo para siempre.</p>



<p>Argentina en 1971 es una soga apunto de cortarse, para formar dos nuevas sogas que quedarán colgando: una a la izquierda y la otra a la derecha. Esa tensión parece descargarse sobre Muhammad Alí mientras intentan sacarlo de la cancha donde acaba de ganarle a Miguel Ángel Páez. La organización vence a la locura del público sediento de un pedazo de Alí y logran meterlo en el vehículo.</p>



<p>En el auto que acaba de salir de la cancha van: un chofer, el ex campeón del mundo, un traductor y un delegado de la Unión Obrera Metalúrgica, elegido a dedo por Lorenzo Miguel y aprobado por José Ignacio Rucci y Lorenzo Spadone. El auto encara para el sudeste, no para el Alvear Palace donde se hospeda Alí. El boxeador está a punto de entrar a la Argentina. La de verdad.</p>



<p>El silencio se rompe por el sonido de un encendedor al que le dan mecha. <em>Alí mira para el lugar de donde viene el sonido.&nbsp;</em><em>“Excuse me, Do you</em><em> have a cigarette?”</em>,pregunta el ex campeón mundial. El Hombre de la UOM mira al intérprete. “Si le das un cigarrillo” traduce. Vuelve a sacar el paquete de la campera, lo golpea contra la palma izquierda de su mano y le alcanza el atado con un pucho que asoma hasta la altura del filtro. Alí lo agarra. El Hombre de la UOM retira el paquete para ofrecerle fuego.</p>



<p>El paisaje cambia sutilmente. De la Avenida Corrientes al cinco mil a Medrano no hay mucha diferencia. Edificios, árboles y muchos autos. Las calles se van pelando de vehículos a medida que avanzan directo al riachuelo por la avenida que ya no es Medrano sino Castro Barro. Sigue siendo clase media. La ventana atrae a Muhammad Alí cuando ya están cruzando Pompeya. El chófer habla con el hombre de la UOM. Alí presiente que están hablando de él. “Grandote el grone”, suelta el chofer. “¿Cómo grone pedazo de animal? Decí que no te entiende, sino seguro que te baja todos los dientes”, advierte el sindicalista. El boxeador mira por la ventanilla la noche de Pompeya,&nbsp;<em>“looks like home”</em>, dice. Como si alguien fuera a entenderlo.</p>



<p>Cruzan el Puente Alsina. “Bienvenido a la Argentina, papito” le avisa el chofer. Alí sale del paisaje y se tira para adelante en el asiento: “<em>What did you say</em>?” pregunta clavando la vista en el espejo retrovisor. Todos callan. El silencio sería total de no ser por la respiración de Alí. El sindicalista rompe la ausencia de sonido: “dale pelotudo, traducí”. El intérprete parece salir del grogi y traduce para el boxeador. Alí se sonroja. No esperaba una bienvenida. Está acostumbrado a que los hombres blancos se burlen de él, sin importar quién sea.</p>



<p>“<em>This really looks like home</em>”, repite el peso pesado. El sindicalista vuelve a mirar al intérprete: “¿Qué dice, che? Dale traducilo así charlamos un rato”. El intérprete mira a Alí, esperando un gesto, no sabe si la frase fue un pensamiento en voz alta o algo para sacar tema. Muhammad asiente. O al menos eso parece. “Dice que parece su casa” explica. “Qué bueno que se sienta en casa, che. Decile que se llama Valentín Alsina”. El intérprete traduce. “Es un barrio obrero. Todo lo que vamos a atravesar a partir de ahora son barrios llenos de fábricas y gente trabajadora.” Alí escucha, después asiente y sonríe. “Y todos te conocen acá.” Cuando escucha la frase pasada al inglés, el boxeador levanta la cabeza. Mira al intérprete y luego al sindicalista. “<em>Really?</em>”. El sindicalista no espera la traducción: “Sí, de la pelea con Ringo. Aunque muchos ya te conocían de antes. Nos gusta mucho el boxeo.” Alí no necesita traducción. Ringo. El intérprete cuenta que uno de los motivos por los que Alí quería venir a la Argentina era por las cosas que se enteró después de la pelea con Bonavena. “Está contento de estar en un lugar donde no hay discriminación ni problemas raciales”. “Quédese tranquilo, Muhammad, acá somos todos compañeros”. El auto frena. Llegaron.</p>



<p>El lugar es una fábrica de virulanas en Lanús, propiedad del empresario peronista Lorenzo Spadone. En ella hay aproximadamente cien tipos que esperan la llegada del gran boxeador musulmán. Todos ligados en mayor o menor medida al sindicalismo. Hay dos que sobresalen: José Ignacio Rucci, Secretario General de la CGT, uno de los nexos de Perón en el país; el otro es Lorenzo Miguel, Secretario General de la UOM.</p>



<p>Los cuatro tipos bajan del auto. El sindicalista los guía. Entran a la fábrica. Normalmente a esa hora están trabajando, pero esa noche es especial y los empleados tuvieron franco. Si estuviera a oscuras, la sensación no sería la misma. Alí mira el tamaño del galpón y se lo imagina lleno de gente que corea su nombre. Negros musulmanes gritando por sus derechos. Casi choca contra una máquina. El sindicalista le dice que tenga cuidado, no vaya a ser cosa que se lesione justo ahí. El intérprete traduce. Todos ríen.</p>



<p>Llegan al quincho ubicado al fondo de la fábrica. El olor a carne asada los recibe como un abrazo. Cuando Alí cruza la puerta se le viene encima un aplauso cerrado. Son varios minutos así. Sonríe y agradece. No imaginaba que en un país perdido lo pudieran respetar tanto. Terminan los aplausos y empiezan a cantar una canción. Primero una mesa. Después otra. Al llegar al estribillo, todo el quincho canta como si el mundo dependiera de eso. Alí los relaciona con sus compañeros, por la forma de cantar casi desesperada pero alegre. “Es la marcha peronista”, le susurra en inglés el intérprete.</p>



<p>Lo llevan a la mesa que está en el medio. A medida que avanza lo palmean, le dan la mano, le sonríen; alguno lo abraza. Un tipo de bigote se pone de pie y le da la mano, es Rucci. Lorenzo Miguel hace lo mismo. Les sacan una foto. Alí sonríe. Su dentadura parece la de un actor de Hollywood, no la de un boxeador. Le hacen seña para que se siente. El intérprete tiene un lugar privilegiado. Es, sin duda, el hombre más envidiado del quincho.</p>



<p><em>“How do you call this?”</em>, pregunta Alí como un niño ante una comida nueva. “Chorizo”, contesta el intérprete.&nbsp;<em>“Is it made out of pork?”</em>. El intérprete tiene el lugar privilegiado, pero a la vez el más peligroso: la velada depende de sus respuestas. “Discúlpeme, José, pero Alí pregunta si el chori tiene chancho”. Rucci interrumpe su charla con Lorenzo Miguel y Carlos Spadone. Lo mira como si le hubiera hablado un perro. “Me parece que su religión no le permite comer cerdo”, intercede Spadone. “Decile que está hecho con lo que él quiera”. El intérprete se vuelve hacia Alí para decirle que coma tranquilo, que tuvieron en cuenta su religión para armar la cena. Alí sonríe y le entra al chori. Lo miran comer, vuelve a parecer un niño, pero ahora hambriento. El intérprete traduce, dice que las peleas lo dejan con mucha hambre, que lo disculpen si come medio a lo bruto. “Decile que no pasa nada, que coma tranquilo, que hay comida para un batallón”. Al intérprete no le parece la mejor metáfora para decirle a un tipo que casi va preso por negarse a ir a la guerra.</p>



<p>Alí se suelta a medida que los cortes de carne pasan. El intérprete también. Sabe qué traducir y a quién, sin necesidad de que Alí le indique. Se acerca Carlos Spadone con una estampita en la mano. La apoya al lado del plato. El boxeador deja los cubiertos, bebe un sorbo de vino y la agarra. Pasan varios segundos sin que deje de observarla. El intérprete espera que el empresario sepa lo que hace, sino el que la va a pasar mal es él. Muhammad Alí sé para de golpe y tira la silla. En el quincho se hace un silencio parecido al del auto. Si bien todos lo respetan, tienen temor a hacer algo que no le guste. Es como acariciar un tigre. Alí abraza a Spadone.&nbsp;<em>“I didn’t know you’ve got black saints”.</em>&nbsp;Dice que no sabía que tenemos santos negros. “Decile que es San Benito de Palermo.” Alí se emociona. Vuelve a abrazar y a agradecer. Dice que va a buscar sobre su vida, traduce el intérprete, que aunque sea musulmán lo va a llevar siempre con él.</p>



<p>“Spadone me lo vas a hacer llorar. Dale che, que acá estamos para celebrar. Cuchame una cosa, decile que le juego una pulseada.” El intérprete mira a Rucci, no sabe si esta borracho o si es boludo. Alí acepta. Corren los platos para hacer lugar. Se acerca el fotógrafo para tomar la instantánea que nunca en su vida pensó que iba a sacar: Muhammad Alí y José Ignacio Rucci jugando una pulseada. Se toman las manos. Alí pone cara de estar haciendo mucha fuerza, Rucci sonríe. El fotógrafo dispara. “Dale, che”, grita alguien desde una mesa. Alí deja que Rucci tome la iniciativa. El hombre fuerte de la CGT transpira para torcerle la mano al ex campeón del mundo. Logra inclinar la negra muñeca de Alí. Muhammad sonríe. Respira hondo. La mano de Rucci toca la madera. El quincho se une en un aplauso cerrado.</p>



<p>“Estamos armando un sindicato de boxeadores”, le cuenta Rucci a Alí. El intérprete traduce. Alí se emociona&nbsp;<em>“that doesn’t exist in any part of the world”.&nbsp;</em>Dice que eso no existe en ningún lugar del mundo. “Como el peronismo”, remata Rucci sonriendo.</p>



<p>Le cuentan sobre el posible retorno de Perón. Sobre los fusilamientos de José León Suárez y la proscripción. Alí escucha concentrado sobre la resistencia peronista. Sonríe cuando le cuentan que una de las formas de llamar a los peronistas es “cabecitas negras”.&nbsp;<em>“I’m a black head”</em>, dice y muestra los dientes blancos. Todos celebran la ocurrencia y vuelven a cantar la marcha. Lorenzo Miguel le explica que ahora están en dictadura. El intérprete traduce que en su país nadie habla de eso, pero que en cambio cuentan que Perón era un dictador. “Yanquis hijos de puta”, se le escapa a Spadone.&nbsp;<em>“What did he say?”</em>, pregunta Alí. Que los blancos estadounidenses oprimen a los negros y latinoamericanos por igual, le responde el intérprete ya canchero en su función.</p>



<p>Los pocos privilegiados que quedan se llevan servilletas con la firma de Alí. El boxeador dice emocionado que espera volver pronto y poder conocer a ese tal Perón. “Él espera lo mismo”, contesta Rucci.</p>



<p>Rucci, Lorenzo Miguel, Carlos y Lorenzo Spadone acompañan hasta la puerta al boxeador, el intérprete, el sindicalista y el chofer. Se despiden como grandes amigos. Cuando el auto arranca, Rucci aplasta aplasta una colilla y dice: “piola el negrito, ojalá nos haga buena prensa”.</p>



<p>El auto atraviesa la Avenida Pavón con la misma libertad que Alí baila sobre el ring. Alí fuma y mira por la ventana. “Preguntale cómo la pasó” dice el sindicalista, otra vez sentado en el asiento de adelante. Dice que está muy agradecido, que no esperaba tanto afecto. “Así somos los argentinos, gente buena con los que son buenos que nosotros” responde el sindicalista.&nbsp;<em>“I hope i can come back soon and stay longer”.</em>&nbsp;“Dice que espera volver pronto y quedarse más tiempo”. “Contale que la próxima lo llevamos a Mar del Plata”.</p>



<p>Cruzan el puente Pueyrredón. La avenida 9 de Julio está desierta. El intérprete le cuenta a Muhammad Alí que en ese edificio que aparece en el medio de la avenida, Evita dio un discurso histórico. Rodean el Obelisco. Alí ya no mira por la ventana.&nbsp;<em>“It doesn’t feel like home anymore. It looks like any other big city in América”</em>&nbsp;dice el boxeador. “Dice que ya no se siente en casa, que parece cualquier ciudad grande yanqui”, traduce el intérprete, aunque ya nadie responde.</p>



<p>El auto frena en la entrada del Alvear Palace. “Ta luego, papito”, dice el chofer cuando baja Alí. El boxeador da la vuelta al auto. Le golpea la ventanilla. El chofer la baja y se dan la mano. Alí saluda al intérprete y le agradece. Se acerca al sindicalista y le estruja la mano. El sindicalista se sorprende ante lo insignificante de su mano cuando aprieta la del otro. Alí se aleja rumbo a la puerta, pero antes de entrar, frena.&nbsp;<em>“How is that thing that you say about Perón?”,</em>&nbsp;pregunta. El intérprete traduce sin entender. Mira al sindicalista esperando respuesta. El hombre piensa. “Ah, ya sé, ¡Viva Perón!”. El boxeador sonríe.&nbsp;<em>“¡Viva Perón!”,</em>&nbsp;grita en un pésimo castellano Muhammad Alí, ante el espanto de una pareja que entraba al hotel de la mano.</p>

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		<title>El último recital de Los Piojos: sos enganche, ya no hay goleador</title>
		<link>https://marcha.org.ar/el-ultimo-recital-de-los-piojos-sos-enganche-ya-no-hay-goleador/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[Marcha]]></dc:creator>
		<pubDate>Mon, 01 Jun 2020 10:00:25 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Crónica]]></category>
		<category><![CDATA[Deportes]]></category>
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					<description><![CDATA[Multitudes en cuarentena. Un 30 de mayo, hace 11 años, fue el último recital de Los Piojos. Un fulbito sin final. Los jugadores con los que pegaron onda a lo largo de su carrera y una crónica familiar. Envido y truco del tiempo para los amigos, hermanos del alma, compañeros de emoción. Por Lucas Jiménez* [...]]]></description>
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<p><em>Multitudes en cuarentena. Un 30 de mayo, hace 11 años, fue el último recital de Los Piojos. Un fulbito sin final. Los jugadores con los que pegaron onda a lo largo de su carrera y una crónica familiar. Envido y truco del tiempo para los amigos, hermanos del alma, compañeros de emoción.</em></p>



<p><strong>Por Lucas Jiménez</strong>*</p>



<p><em>“Y la champaña que descorchan hoy, guarden los corchos para un bote hacer que viene el río del hambre y la sed, y ya no hay goles que den de morfar”- Los Piojos-Maradó</em></p>



<p>“Media caña en el colchón, pata dura y corazón”. Así amanecí un 30 de mayo de 2009. Me levanté como un día más de ritual, había visto muchos en distintas ciudades. Todavía no lograba entender ese aroma a despedida. La música es el enganche del fútbol. Las melodías pueden sonar en tu cabeza sin necesidad de imágenes. Así los sonidos y las letras trascienden la vida de sus autores. Lo mismo pasa con los números 10. Siguen jugando en la imaginación de la gente; es como si nunca se retiraran. Lo opuesto pasa con los goleadores. Necesitan del vivo y de la imagen para confirmar su vigencia. Los recitales en vivo son un goleador. Su esencia es difícil de explicar sin mostrar cómo eran, y así y todo a veces ni alcanza. El goleador es el brazo ejecutor de la imaginación del 10, así como el recital en vivo es la extensión del sonido grabado.</p>



<p>Ese 30 de mayo de 2009, era el partido despedida de Los Piojos como banda goleadora de estadios. Debe ser la banda argentina que tocó en más canchas de fútbol. Acá va la lista: General Paz Juniors, Ferro, Atlanta, Andes Talleres, All Boys, Vélez, River, Boca, Huracán y el Único de La Plata. También podemos sumar los microestadios de clubes: Argentino de Quilmes, Racing, Newell´s y Gimnasia de La Plata.</p>



<p>Cuando se cumplieron 6 años de ese final de mayo frío y cruel, escribí una publicación de Facebook donde contaba que mi primer recital de Los Piojos y el último fueron en el mismo lugar: la cancha de River (2003 y 2009). El querido Fede Coguzza me firmó que mi inicio fue su despedida. “Yo los vi por primera vez en Obras, apenas salido Tercer Arco. Y el último que vi fue un River feo&#8230; creo que el de <em>Máquina de Sangre,</em> del que hablás. Me quedo con los Obras que pude ver y sobre todo con la presentación de <em>Azul</em> en All Boys&#8230; impresionante”, fueron sus palabras.</p>



<p>Eso me hizo entender, en plan periodístico de categorizar al público de Los Piojos, que ese 2003-2009 engloba una etapa. Que ese River fue un click. La etapa anterior a la mía, la que disfrutó Coguzza, es la que va del 96, que empezó con la presentación en Obras de <em>Tercer Arco</em>, al 2002, que a su vez es precedida por la inicial del 88 al 95, marcada por los shows en el Teatro Arpegios. Esto a grandes rasgos entre el público piojoso, hay gente que cruzó las tres o 2 etapas y otra no entrará en ninguna categoría.</p>



<p><strong>Vals inicial</strong></p>



<p>Empecé a escuchar la banda en 1999. Tenía 11 años. Los sábados a la mañana mi mamá limpiaba la casa y la música iba subiendo a medida que avanzaba su disco de cabecera: <em>Ay Ay Ay</em>. Con “Arco, despacio tiro” empezaba la barrida. Ya para la parte de encerar íbamos por “Fumigator” y se olvidaba que yo dormía. Su mente se iba a otro lado y ponía el volumen al taco.</p>



<p>“Muy Despacito” era mi tema de inicio del día. Con las cucarachas bailando abría los ojos y me terminaba de levantar de la cama con los “jardines de calma feroz”. En 8° grado una profesora del secundario pidió que llevemos la letra de una canción para analizar y llevé esa. Cuando me compré una armónica para intentar aprender a tocar fue la primera que probé sacar.</p>



<p>Además de ese disco de Los Piojos, en casa estaba <em>Tercer Arco</em>, <em>Azul</em> y <em>Ritual</em> (todos originales). En mayo de 2001 me gasté mis ahorros y le regalé a mi mamá para su cumpleaños <em>Verde Paisaje del Infierno</em>. “Tomá Ma, el que te faltaba”. Por aquellos años previos a internet, desconocía la existencia de <em>Chac Tu Chac</em>. De hecho, me gustaba “Cruel”, que escuchaba en <em>Ritual</em> porque pensaba que era un tema inédito. Toda la ternura y agradecimiento a mi madre por inculcarme el gusto por Los Piojos se desvaneció en el momento en que me fui de casa para convivir y me llevé casi todos los discos originales de la banda, incluido el que le había regalado para su cumpleaños. Digo casi porque le dejé <em>Ay Ay Ay</em>. Imagino que en la República de Laprida y Boquerón en Lomas de Zamora sigue sonando a toda mostaza los sábados a la mañana.</p>



<p>Con mi vieja y con mi prima fui a ver a Los Piojos una vez nada más: Vélez 2004. El recital del martes 25 mayo que iba a ser el domingo 23 pero se suspendió por una “pesada lluvia de invierno”. Recuerdo que apenas entré al campo y vi las tribunas con mucha gente lo primero que pensé fue: “qué presión deben sentir los futbolistas”. Al otro día fui al colegio y le conté eso a mis compañeros acompañado de un “no me gustaría ser Jonás Gutiérrez”, jugador de Vélez de esos años.</p>



<p>Ese recital conocí “Los Mocosos”. Me acuerdo de que le dije: “Ma, este tema no lo tenemos en casa”. Ya sin un peso para comprar discos originales, un compañero de laburo de ella nos grabó <em>Chac Tu Chac</em>, <em>Huracanes en Luna Plateada</em>, <em>Máquina de sangre</em>, y recitales en Obras y Arpegios. De Vélez tengo la imagen de la retirada por pensar que el show había terminado. Estar cruzando el puente para salir del estadio, que arranque “Vete bobo, vete bobo” y las “miles de almas en un ritual sin calma” nos metan de nuevo adentro. Cuando hoy en día mi vieja mi dice que le tiene pánico a las multitudes, lo primero que pienso es en ese momento.</p>



<p><strong>Tercer arco</strong></p>



<p>Los Piojos no solo fueron música y recitales para mí. No solo fueron enganche y goleador en mi vida. También me acercaron al periodismo y me enseñaron la figura de Maradona. &nbsp;Por ejemplo, escuché primero la voz de Diego regándole a Ciro los últimos botines que usó como futbolista antes de Maradó en <em>Ritual</em>, antes de haber visto el gol a los ingleses. Por esa canción pregunté por el Diez y me grabaron en VHS la película <em>Héroes</em> sobre el Mundial 86. En aquel Vélez de 2004 esperaba que se desplegara una bandera grande de &#8220;Fiorito&#8221; con la cara de Diego y el logo de Los Piojos, era la única manera de poder llegar adelante por mi altura y contextura.</p>



<p>Lo del periodismo viene por el lado de que en septiembre de 2000 mi vieja compró la <em>Rolling Stone</em> porque la nota de tapa eran Los Piojos. Ahí leí una crónica fabulosa titulada “El planeta de Los Piojos” que jugaba con frases de El Eternauta. Entonces me topé con el texto escrito contando historias. Yo ya era un apasionado del fútbol y resultaba ser que descubría que la única banda que escuchaba a mis 12 años también.</p>



<p>El bajista Micky Rodríguez había jugado en Ferro y Chacarita y hablaba del sueño cumplido de conocer a Diego Armando Maradona. “Cuando lo abracé se me vino la imagen de mi viejo y no lo podía soltar&#8230; Se me caían las lágrimas. Fue una de las cosas más grosas que me pasaron en la vida, conocer a ese tipo”. Casi 10 años después Micky compartiría cancha con Diego en un partido a beneficio de la Fundación PUPI en cancha de Boca. De hecho, el músico entró por Messi en lo que era la única vez que había jugado en la Bombonera hasta el partido con Perú en 2017 por las Eliminatorias.</p>



<p>En la entrevista de la <em>Rolling Stone</em>, Tavo cuenta que fue al Mundial 98 a ver los partidos de Argentina y que se coló en la final Francia-Brasil. “Chamuyé a un negro que estaba en la puerta y, después de casi dos horas de dar vueltas y esperar, me dejó pasar. Fue increíble. Cuando terminó el partido, salí de la cancha corriendo y desde un teléfono público llamé a mi casa para contarlo. Nadie me quería creer”.</p>



<p>Después de esa nota fui a leer los libritos de los CD que tenía en casa. Ahí entendí todo. La descripción de <em>Tercer Arco</em> hace referencia a que encontraron en la música una pasión paralela a su locura por el fútbol. “Un día llovió y la cancha se tapó y volvimos a los instrumentos y dijimos: ‘esto suena’, así que nos agrandamos, concentramos y pusimos en cada tema todo lo que teníamos para dar: Sangre, sudor lágrimas y rocanrol. Fue así como descubrimos que existía un 3er Arco”, reza el texto acompañado al costado por una foto de Micky pateando una pelota.</p>



<p>Seguí investigando los discos y vi que en los agradecimientos de <em>Azul</em> aparecía el Rifle Pandolfi por haber hecho los coros en “El rey del blues”. Pero la relación entre Los Piojos y Vélez arrancó por otro futbolista: Marcelo Gómez. “El manager Pocho Rocca era hincha de Vélez y un día saliendo de un partido, el Negro Gómez lo vio con una remera de Los Piojos y empezaron a hablar. La onda se dio rápido. Vinieron a vernos jugar y nosotros fuimos a la sala de ensayo”, contó el Lobo Cordone en <em>Mavirock</em>.</p>



<p>El rubio delantero solía festejar sus goles mostrando remeras de bandas, ritual que arrancó con una de Los Piojos después de un gol a River en Liniers. En el programa “Tocala” de TyC Sports contó el trasfondo de ese festejo. “Justo los habíamos invitado a los chicos de Los Piojos y tres son de River (Tavo, Micky y Piti). Le habíamos dado platea. Les había dicho que les iba a hacer un gol y se los iba a gritar para ellos.” (<a href="https://www.youtube.com/watch?v=_Yv375g7WW4">https://www.youtube.com/watch?v=_Yv375g7WW4</a>).</p>



<p>El Negro Gómez en <em>Somos Vélez</em> blanqueó una canción de la banda que nació por él. “En <em>El Gráfico</em> hicieron una serie de notas entre futbolistas y músicos y la que me hicieron a mí fue con Los Piojos. Durante la nota empezaron a zapar un ritmo, una melodía y Andrés cantaba de fondo: Go Negro Go, con el tiempo esa melodía se transformó en la canción que salió en el disco <em>Azul</em>”, recordó el ex volante central.</p>



<p>Por su parte, el Rifle no solo iba a los ensayos a boludear sino que Tavo lo llamaba para que fuera a guiarlos con las voces cuando no podía ir Ciro. En 2002, cansado del ambiente del fútbol, dio una nota al diario <em>Olé</em> donde anunciaba su retiro. Al otro día se subió al escenario del Luna Park invitado por Los Piojos para tocar la guitarra en el clásico de Chuck Berry, “Around &amp; Around”.</p>



<p>Pero no sería el único futbolista en grabar con la banda de El Palomar porque en agosto de 2003, tras ganar la Copa Libertadores con Boca, Nicolás Burdisso hizo los coros en “No pares” del disco <em>Máquina de Sangre</em>. Un reciente campeón entonaba: “Los que ganan te la cuentan como la única verdad pero vos nunca te olvides que hay otra campana atrás. Una campana más rica y que tiene otro color”.</p>



<p>Burdisso y Ciro también coincidirían en el mundial Alemania 2006. El defensor llevó la guitarra a la concentración argentina para hacer sonar temas de Los Piojos y el cantante fue como comentarista de partidos para la Rock and Pop. De esa experiencia surgió la canción “Unbekannt”, desconocido en alemán, por sus caminatas por las calles sin que lo reconozcan (“heavy faso en Sankt Pauli”). En un Luna Park los pibes de Lugano Piojoso le regalaron una remera de Alemania con la 87 y el Unbekannt atrás.</p>



<p>En una entrevista a un medio de Misiones, en 2009, Tavo Kupinski (quien falleció en 2011) habló de fútbol. Contó que era muy fanático y socio de River pero que la actualidad lo encontraba siendo más hincha del Inter por su amistad con el Pupi Zanetti. Le pidieron que armara su selección y formó una defensa con todos futbolistas piojosos: Zanetti, Burdisso, Demichelis y Placente. Demichelis, en 2014, le regaló entradas a Ciro para que fuera con Los Persas y el resto del staff a ver la final del mundo con Brasil. El puente conector de Placente con la banda es Pablito Aimar, que solía ir a los ensayos antes de irse a jugar al Valencia.</p>



<p>Todos los futbolistas nombrados y algunos más, como Hernán Crespo, el Turu Flores o el Gallego Méndez, son los que les entregaron las camisetas del fútbol europeo a los músicos de la banda que exhibieron en distintos recitales. Remeras del Newcastle, Chelsea, Bayern Munich, La Coruña, Valencia, Inter, Celta de Vigo y varias de la selección con la 8 de Zanetti.</p>



<p>Hoy parecen normales ciertos signos patrióticos como la camiseta de la selección o el himno. Pero no era tan así cuando Ciro lo empezó a hacer. En una nota en la <em>Rolling Stone</em>, en 2007, le preguntaron sobre los signos a los que apelaron que antes estaban pegados a los militares. Su pensamiento era “¿por qué tiene que pertenecer esto a los militares, si el país es nuestro? No es de los militares genocidas, esto es de la gente”. El tarareo del himno, que es un hit argentino en los mundiales, nació primero en los recitales de Los Piojos con el himno tocado en armónica por Andrés Ciro Martínez.</p>



<p><strong>Una noche cruel</strong></p>



<p>Hace 11 años me juntaba en Constitución con mis amigos, alguna que otra puteada con el público de La Renga que se tomaba el tren a La Plata, en el recital que Chizzo agigantó la grieta que tanto hizo por achicar en aquel show en Atlanta 98. Hace 11 años llovía y hacía mucho frío. Tengo el recuerdo de un fernet tirado en el ingreso al subte por pedido de un policía y una previa larga en Libertador.</p>



<p>Aproveché para recordar mi anécdota futbolera de cabecera en recitales. En la previa de un Quilmes Rock que cerraban Los Piojos, me encontré con el por entonces arquero de Arsenal Cristian Campestrini. Bajo los efectos del Vin-Up le pegué un abrazo y le dije: “te sigo desde Almirante, sos un arquerazo, te tengo en el Gran Dt, cambien a los defensores porque me sumas siempre negativo”. A eso le siguieron risas, apretón de vamos y un “vamos Los Piojos” de su lado.</p>



<p>Del recital rescato unas palabras de mi compañera de facultad, Micaela Giacona: “El frío, las pies mojados, la confusión”. Ya estaba todo muy podrido en la banda, venían de un parate hacía muy poquito. La salida de Piti Fernández había sido un golpe demoledor. En una entrevista a <em>Soy</em> meses después del show contó que lo llamaron para que fuera a tocar a las 7 de la tarde del mismo sábado. Lo tomó como una falta de respeto y se quedó en su casa de Caseros viendo Lanús-San Lorenzo.</p>



<p>Más allá del clima y de la emotividad, esa noche en River hubo dos bandas en una, ni se miraban entre ellos. Un amigo que estuvo adelante me dijo que Ciro se quebró en “Pacífico”. Un piojoso leyó una emocionante carta y tituló en tono ricotero “las despedidas son esos dolores dulces”. El recital fue muy largo. La banda estaba cerrando en la Gira <em>Civilización</em> con “Buenos Días Palomar” en vez de “Finale”. El 30 de mayo de 2009 tocaron ambas, leyeron las banderas y después tocaron cuatro temas más. El último fue “Muévelo”.</p>



<p>Salí del estadio y solo recuerdo los largos silencios que marcaron la vuelta. Fuimos hasta Ciudad Universitaria a tomar el 160. Cuando ya estaba arriba del bondi, me acordé de que mi vieja y mi prima habían ido por su cuenta. Hoy, que hace más de 2 meses que no las veo, me doy cuenta de que encontrar a alguien entre 70 mil personas es casi como una cuarentena de distancia. Pero ese día las vi. Yo ya estaba arriba del bondi y ellas recién llegaban para armar una nueva fila porque el mío estaba arrancando ultra lleno.</p>



<p>Quizás la confusión de la que habla Micaela me impidió bajar. Me hubiera gustado compartir el silencio con ellas. Quizás romper el hielo bardeando las vueltas que da el 160. Un bondi que es como un wing gambeteador que nunca termina de tirar el centro. Cruzar Pompeya. “Mirar el paisaje y seguir”. Igual qué fácil que es volver de Núñez a Lomas de Zamora con este bondi. Ahora “¿alguna de las 2 se acuerda cómo hicimos para volver de la cancha de Vélez un miércoles a la 1 de la madrugada?”.</p>



<p><em>“Salimos por fin del estadio. Casi todos, quien más, quien menos, miramos hacia atrás. Hacia las altas tribunas. Durante horas interminables aquellas moles de cemento nos habían protegido del ataque de los lanzarrayos: abandonarlas producía en todos una curiosa sensación de desnudez”</em></p>



<p><em>El Eternauta- Héctor G. Oesterheld y Francis Solano López</em></p>



<ul><li>Nota publicada en <a href="https://lastimaanadiemaestro.wordpress.com/">Lástima a nadie, maestro </a></li></ul>

<p><a href="https://marcha.org.ar/el-ultimo-recital-de-los-piojos-sos-enganche-ya-no-hay-goleador/">Source</a></p>]]></content:encoded>
					
		
		
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		<title>La historia del Loco Julio: con el Tomba me casé</title>
		<link>https://marcha.org.ar/la-historia-del-loco-julio-con-el-tomba-me-case/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[Marcha]]></dc:creator>
		<pubDate>Wed, 27 May 2020 10:00:00 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Crónica]]></category>
		<category><![CDATA[Deportes]]></category>
		<category><![CDATA[#SomosMultitud]]></category>
		<category><![CDATA[Ariel Feller]]></category>
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					<description><![CDATA[La historia del Loco Julio, el hincha más famoso de Godoy Cruz. Ese que hoy tiene una estatua, banderas y canciones es parte de una leyenda.]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[
<p><em>La historia del Loco Julio, el hincha más famoso de Godoy Cruz. Ese que hoy tiene una estatua, banderas y canciones es parte de una leyenda y de un equipo que mueve multitudes.</em></p>



<p><strong>Por Ariel Feller*</strong></p>



<p>No la pegué en eso de ligar apodos. Nunca pasé la triste barrera del diminutivo de mi nombre o de lo estrictamente relacionado con mí físico. Así fui siempre Arielito, enano o cabezón. Muy poca cosa. Por eso siempre quise tener un sobrenombre más imponente y no uno que haya surgido desde la humillante obviedad. Siempre soñé con uno que naciera de mis acciones si éstas fueran nobles y honrosas. En esa onírica visión pica en punta en preferencias el apodo “loco”. Será porque me atraen esos tipos que gambetean a la anormalidad de lo establecido como normal. En este momento tanto usted como yo estamos repasando mentalmente un montón de apellidos de locos divinos que nos llevarían a jugar un Tutti Frutti eterno. Además seamos sinceros, todos sabemos qué historia nos sentaríamos a escuchar entre una que empiece con “Arielito entró a la cancha….” y otra que lo haga con&nbsp; “El loco entró a la cancha”.</p>



<p>Intuyendo &nbsp;que usted elige al igual que yo la segunda opción trataré de contar de la mejor manera la historia de Julio Roque Pérez. Nada de Houseman, nada de Gatti. Esta vez la locura va por otro lado. Hablar de Julio es inevitable asociarlo a la frase: “en el fútbol lo único insustituible son los hinchas”, que alguna vez tiró Marcelo Bielsa. Es inevitable también asociar al Loco Julio con Godoy Cruz, y con una de las historias de amor y lealtad por los colores más significativas de la redonda.</p>



<p>Ya desde pequeño Julio tenía la idea de empezar a moverse solo por la vida,&nbsp; buscar rumbos en solitario como esos personajes de novelas juveniles. Al morir su abuelo sintió el empujoncito necesario para largarse a andar. Así fue como tan solo con doce años dejó el distrito de Ingeniero Giagnoni &nbsp;para instalarse en el departamento mendocino de Godoy Cruz donde conoció a su gran amor. El club de la zona fue su latir de ahí en más. “Con el Tomba me casé” dijo una vez. En esas calles que seguramente sintió propias antes de empezar a pisarlas, empezó a cartonear.</p>



<p>En ese contexto un cartón pudo haberlo acomodado económicamente. No me refiero a uno de esos que recolectaba al revisar la basura sino a uno de lotería ya que a sus quince años gana el premio de la sanjuanina. Al no saber &nbsp;leer ni escribir la policía lo acompaña a la vecina provincia de San Juan a cobrar el premio&nbsp; que al volver, y para sorpresa de todos, decide donarlo íntegramente para que Godoy Cruz pueda levantar una tribuna y colocar las luminarias en su estadio, “el&nbsp; Feliciano Gambarte”.&nbsp;</p>



<p>Sé que usted está por decir que ahí además del premio ganó su apodo. Es entendible que piense así porque a todo aquello que no podemos explicarnos lo tildamos de locura. Pero permítame seguir con el relato.</p>



<p>El Loco Julio siguió así toda su vida. Dándolo todo, por el club y por la gente. Algún amigo mendocino me comentó&nbsp; que en más de una oportunidad se ha sacado su propia campera para regalársela a quien necesitara un abrigo. No le sobraba nada pero daba. Así eligió recorrer su vida. Con el corazón azul y blanco en sus manos. Esas mismas manos que un día de 1964 moldearon&nbsp; para siempre su sobrenombre.</p>



<p>En un partido, de los denominados&nbsp; amistosos, con el Santos de Pelé el árbitro Coresa expulsa a un jugador del equipo bodeguero. Acto seguido Julio salta a la cancha para fajarlo. Desde ese día, creo que con justa razón, el referí no quiso volver a dirigir a Godoy Cruz. Varios cantos de la barra recuerdan esa acción. Melodías populares&nbsp; entonadas por ambas facciones de la hinchada del club. Cosa que sólo Julio podía lograr. Unir al hincha. Será porque su amor, el que desbordaba, limpiaba la pavada del fútbol y sembraba pureza en el sentimiento.</p>



<p>En el último tiempo el querido loco tuvo &nbsp;su merecido homenaje institucional &nbsp;al colocarse una estatua de su figura señalando el horizonte en la entrada del club, y al rebautizar con su nombre al boulevard que desemboca en el estadio. Hace años que el reconocimiento popular le había llegado. Su cara nunca dejó de flamear en banderas, &nbsp;de transpirarse en remeras y de pintarse en paredes.</p>



<p>Mientras escribo estas líneas el pueblo tombino lo despide en un llanto que se vuelve la última caricia hacia el hincha más respetado por todos. El último gesto de reconocimiento a ese tipo que eligió la locura de dar todo lo que se tiene, y lo que no también. </p>



<p><strong>* Publicada originalmente en <a href="https://lastimaanadiemaestro.wordpress.com/" target="_blank" rel="noreferrer noopener"><span style="color:#0693e3" class="tadv-color">Lástima a nadie, maestro</span></a></strong></p>

<p><a href="https://marcha.org.ar/la-historia-del-loco-julio-con-el-tomba-me-case/">Source</a></p>]]></content:encoded>
					
		
		
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		<title>Francia y el Mundial de las pibas: vivir de fútbol las 24 horas</title>
		<link>https://marcha.org.ar/francia-y-el-mundial-de-las-pibas-vivir-de-futbol-las-24-horas/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[Marcha]]></dc:creator>
		<pubDate>Fri, 15 May 2020 10:59:47 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Crónica]]></category>
		<category><![CDATA[Deportes]]></category>
		<category><![CDATA[#SomosMultitud]]></category>
		<category><![CDATA[Ayelén Pujol]]></category>
		<category><![CDATA[Estefanía Banini]]></category>
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		<category><![CDATA[francia]]></category>
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		<category><![CDATA[Mundial Francia 2019]]></category>
		<category><![CDATA[Mundial Fútbol Femenino]]></category>
		<category><![CDATA[portada]]></category>
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					<description><![CDATA[Crónica de una fiesta inolvidable: la cobertura del Mundial de Fútbol Femenino Francia 2019]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[
<p><em>Añorar lo básico, lo simple, es otro de los rasgos de este aislamiento. Aquí, la periodista deportiva extraña los asados de su hermano pero también, y sobre todo, el fútbol. Y nos cuenta sobre su propia fiesta inolvidable: la cobertura del Mundial de Fútbol Femenino Francia 2019.</em></p>



<p><strong>Por Ayelén Pujol</strong> | <strong>Fotos: Nadia Petrizzo</strong></p>



<p>En estos días lo esencial se hace visible: puertas adentro, en este confinamiento que lleva más de 50 días, extrañamos lo básico.</p>



<p>Mi punto de fuga es, durante pequeños instantes de días eternos, una cafetera: están ahí, en la volture y su sonido, en la casa austera de mi abuela Paula, en el desayuno que nos llevaba a la cama: los pies que se arrastraban por el piso, los masajes que acompañaban el remoloneo en su cama y la frase para sacarnos de ahí y que empezáramos el día. “Vayan a buscarme huevos al gallinero así les hago milanesas con papas fritas”, nos decía. La felicidad era eso y no nos dábamos cuenta.</p>



<p>Es el café y su aroma que emerge del vapor el que me traslada a Bogotá, a días de libertad, un deseo caribeño que una mañana fue bajar desde lo alto de esa ciudad que siempre –definitivamente siempre– vive entre los 18 y los 22 grados centígrados, cruzar la avenida, sentarse en un bar, saborear una taza caliente de café y mirar el Transmilenio pasar. Un bondi. Y pensar: ¿qué descubro hoy, este día?</p>



<p>Afuera está la peste y también, con ella, de la mano, la injusticia. Siempre pateando calles como forma de habitar el mundo y ahora sin poder hacer nada con las noticias que duelen: y, como siempre, quienes están más abajo de la pirámide son quienes reciben los golpes.</p>



<p>Disculpen la catarsis. Lo esencial en estos días es mamá y su tarta de tomates, con masa casera, salsa blanca y perejil, un manjar mal presentado que siempre es una dicha. Y es siempre un cerrar los ojos y viajar por la vida. Es mi hermano y su asado, los chinchulines con limón en el patio de su casa conurbana, las papas fritas hechas en grasa, al disco, para que con mi prima, mi tía y la familia entera engordemos de amor.</p>



<p>Son las calles.</p>



<p>Y es la pasión en forma de pelota: jugar donde sea y como sea, los encuentros con el Norita Fútbol Club, la birra posterior, ponerme la campera de Boca y los botines, agarrar la bici y salir para el entrenamiento. Ir a jugar partidos a la Villa 31, ahí donde hoy patearíamos con bronca la furia por lo que pasa en el barrio junto a esas pibas.</p>



<p>Si Julio Verne pudo dar la vuelta al mundo en 80 días, en cuarentena mi mente ya pasó por un campeonato que dura, según mis cuentas, 54: el tiempo que llevamos adentro, los días que pensé en fútbol.</p>



<p>Mi propia rave psicodélica, los días que viví enfiestada –el desenfreno más sano del mundo– ocurrió justo hace casi un año atrás. Y fue con otras, con miles, fue con canchas llenas, con subtes que emanaban el sudor humano que brota de la adrenalina de vivir un Mundial de Fútbol. El mejor de los mundiales: el de las pibas.</p>



<p>Francia fue, para muchas, nuestro cumpleaños de 15: las hormonas a flor de piel, vivir de fútbol las 24 horas.</p>



<p>Fue un 15 en serio, el que hubiésemos planeado si el fútbol hubiera sido un mundo posible cuando teníamos esa edad. Vestidas con la ropa que queríamos, cómodas porque hay que ir a la cancha, entrando a los mejores estadios del mundo de la mano de colegas que se volvieron amigas pase a pase, compartiendo la misma pasión, y con compañeras de otras canchas que viajaron a cumplir su sueño.</p>



<p>Una celebración en donde bailamos con Estefanía Banini y su gambeta y coraje contra Japón, guardando y cuidando la pelota; en la que tiramos pasos volando de palo a palo con Vanina Correa. Fue una cumbia colectiva con el Parque de los Príncipes como la pista de baile en la que nos peleamos hasta con la FIFA, que no nos dejaba entrar con la bandera verde a favor del aborto legal, seguro y gratuito.</p>



<figure class="wp-block-gallery columns-1 is-cropped"><ul class="blocks-gallery-grid"><li class="blocks-gallery-item"><figure><img loading="lazy" width="1024" height="682" src="https://www.marcha.org.ar/wp-content/uploads/2020/05/67935001_2374207912646895_6046323838252220416_o-1024x682.jpg" alt="" data-id="49341" data-full-url="https://www.marcha.org.ar/wp-content/uploads/2020/05/67935001_2374207912646895_6046323838252220416_o.jpg" data-link="https://www.marcha.org.ar/?attachment_id=49341" class="wp-image-49341" srcset="https://marcha.org.ar/wp-content/uploads/2020/05/67935001_2374207912646895_6046323838252220416_o-1024x682.jpg 1024w, https://marcha.org.ar/wp-content/uploads/2020/05/67935001_2374207912646895_6046323838252220416_o-615x410.jpg 615w, https://marcha.org.ar/wp-content/uploads/2020/05/67935001_2374207912646895_6046323838252220416_o-640x427.jpg 640w, https://marcha.org.ar/wp-content/uploads/2020/05/67935001_2374207912646895_6046323838252220416_o.jpg 1520w" sizes="(max-width: 1024px) 100vw, 1024px" /></figure></li></ul><figcaption class="blocks-gallery-caption">Nadia Petrizzo</figcaption></figure>



<p>Fue nuestro cumple militante también: por eso gritamos todos los goles de la Selección y aún más fuerte el 3 a 3 de penal de Florencia Bonsegundo, la jugadora más decisiva de Argentina en el Mundial, porque pudimos abrazarnos y bramar por tantos años de frases hirientes y machismo recalcitrante. Un grito de bronca acumulada por todos los machona, varonera, tortillera y marimacho que nos dijeron –y les dijeron a las que estaban en la cancha– las veces que quisimos patear una pelota.</p>



<p>Andá a lavar los platos, vos, chabón. Fue nuestra pequeña revancha, con un país que, a 11 mil kilómetros de distancia, miraba a esas futbolistas incluso del otro lado del vidrio de vidrieras con televisores que las exponían, quizá por primera vez en la historia, como lo que son: deportistas. Jugadoras de fútbol.<br>La recepción fue comer pizzas y sánguches en puntos parisinos amables para nuestros bolsillos austeros, discutir de fútbol y política, compartir feminismos, repensar nuestra profesión con otra mirada. La mesa dulce fue todo el fútbol, los estadios llenos, las peripecias para sobrevivir con dos mangos, las discusiones con editores que nos hacían renegar. La vuelta fue como el regreso a las seis y media de la mañana, cuando ya es de día, te bailaste todo y en tu alma no hay más lugar para tanta alegría compartida.</p>



<p>Pandemia, andate y lastimanos lo menos posible, que tenemos que andar. Porque vivir es jugar y patear y escribir, narrar nuestras hazañas, pisar las canchas, festejar goles. Hacerlos. Y nosotras queremos seguir jugando.</p>

<p><a href="https://marcha.org.ar/francia-y-el-mundial-de-las-pibas-vivir-de-futbol-las-24-horas/">Source</a></p>]]></content:encoded>
					
		
		
			</item>
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		<title>Fiesta en el barrio</title>
		<link>https://marcha.org.ar/fiesta-en-el-barrio/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[Ignacio Marchini]]></dc:creator>
		<pubDate>Wed, 13 May 2020 10:00:01 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Crónica]]></category>
		<category><![CDATA[Deportes]]></category>
		<category><![CDATA[#SomosMultitud]]></category>
		<category><![CDATA[Agustín Lucas]]></category>
		<category><![CDATA[Fútbol Femenino]]></category>
		<category><![CDATA[Nadia Petrizzo]]></category>
		<category><![CDATA[portada]]></category>
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					<description><![CDATA[Para #SomosMultitud, el uruguayo cruzó el charco y se hizo un periplo de La Plata hasta la Villa 31. Allí jugaba La Nuestra, las pibas.]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[
<p><em>Para el especial #SomosMultitud, el uruguayo y jugador de fútbol cruzó el charco y se hizo un periplo de La Plata hasta la Villa 31. Allí jugaba La Nuestra, las pibas.</em></p>



<p><strong>Por Agustín Lucas | Fotos de Nadia Petrizzo</strong></p>



<p>Cuando subimos al tren que iba para La Plata supimos que era el único tiempo y espacio en el que íbamos a descansar. Santi fue el único capaz de sacar una revista e hincarle el diente. El resto sacos de nervios. Afuera empieza a pasar el conurbano. Me pongo auriculares, todo parece tener que ver. Las estaciones diapositivas. El mate fue y vino y volvió a ir. Como el Negro Ibarra en el Boca de Bianchi. O como el Negro Méndez en el Nacional de los noventa. Una señora que dijo que hacía tiempo no cruzaba al paisito hasta se animó a pedir uno. Hablamos de la yerba con palos y de la nuestra, que en realidad es brasilera. El tren se llenó y se vació y se volvió a llenar. Íbamos entre las bicis del último vagón tirados en el piso. La Plata fue una hora y media después, una hora cuarenta. Todos los anónimos y las nadies que pasaron frente a nosotros se llevaron de mi una parte, me dejaron semblantes que no podría dibujar pero que siento como propios. Respirar el olor del otro, oler la vida de la otra cuando se sienta al lado. El tren, la canción de un pregonero de chocolates que te salpica en la frente. Un apretón de manos de nadie cada vez que te agarrás del tubo de aluminio para no caer.</p>



<p>Santiago, el otro, el que canta, rasgó el primer acorde. Las cuatrocientas almas de la platea baja se abrazaron entre sí para alcanzarlo. Como una cadena sudorosa de deltoides y brazos y manos de ahogado en un mar de letras. Renacentista. Santiago mira al cielo del teatro, baja otro acorde, el ruido del mar de letras es el tarareo de la primer canción. Las trescientas almas de arriba también se pliegan.</p>



<p>Fumamos de canuto porque hay una con un láser verde apagando puchos que no entiende nada. El fasito viaja igual entre los dedos. Como la birra, de beso en beso. Lo hilitos de baba colgando a través de la luz son como puentes. Lo que queda en la lata que es la baba de todos, es el trago caliente que te abre el pecho pare recibir la que viene que está helada.</p>



<figure class="wp-block-image size-large"><img loading="lazy" width="1024" height="683" src="https://www.marcha.org.ar/wp-content/uploads/2020/05/WhatsApp-Image-2020-05-12-at-17.54.32-1-1024x683.jpeg" alt="" class="wp-image-49299" srcset="https://marcha.org.ar/wp-content/uploads/2020/05/WhatsApp-Image-2020-05-12-at-17.54.32-1-1024x683.jpeg 1024w, https://marcha.org.ar/wp-content/uploads/2020/05/WhatsApp-Image-2020-05-12-at-17.54.32-1-615x410.jpeg 615w, https://marcha.org.ar/wp-content/uploads/2020/05/WhatsApp-Image-2020-05-12-at-17.54.32-1-640x427.jpeg 640w, https://marcha.org.ar/wp-content/uploads/2020/05/WhatsApp-Image-2020-05-12-at-17.54.32-1.jpeg 1273w" sizes="(max-width: 1024px) 100vw, 1024px" /></figure>



<p>Con el recital arriba todavía, nos subimos a un auto que&nbsp; para mí era el Delorean. Diapositivas parecidas pero en blanco y negro como la camiseta del Porve. Volver a capital para meterse en otro recital era una épica. Pero allá íbamos. Atrás iban Juanpa, Santi y Alvarito, pero parecían Slash, el Chizo y Darío Dubois. Adelante Dean Moriarty y Sal Paradise, antes de conocerse. Christopher Lloyd dormía en el baúl resignado.</p>



<p>Cuando Tom dijo algo de Villa Española yo me sentí en casa. Nos dimos un abrazo, o un beso, o un beso y un abrazo, o chocamos los cinco, o el puño, o en el mismo gesto del apretón de manos pusimos hombro con hombro. Y así con todos. Cuando Tom, Chicho, el Polaco y el Topo se metieron en la escalera para el escenario, era el túnel de un estadio aquello. Con los cuatro que quedamos en el camarín desarmando un cigarro con filtro para armar un faso a falta de hojillas, fuimos niños y se los agradezco, los voy a recordar siempre. El pogo fue una apología a las entrañas.</p>



<p>Dormir juntos aquella noche iba a ser imposible. Pero apenas nos separaban dos horas de la canción en el celular a las ocho. Nos derrumbamos, Juan Pablo en la cama era el tercer concierto de la noche. Santi y Álvaro en el sillón como hermanos. Yo en el piso como un monje con la cabeza apoyada cerca de los pies de los gurises. La canción era de Las Ligas. Santiago fue el último en despertarse. En el andén, entes. Cuando nos dimos cuenta de que la mochila de Santi había quedado en la estación de Villa del Parque, el tren estaba llegando a Palermo. Ellos se bajaron y volvieron sin esperanzas pero necios. Yo seguí al encuentro con Mónica al que ya estábamos llegando tarde. A ellos volvería a verlos de nuevo en Montevideo.</p>



<p>Retiro era un hormiguero. Caminé entre la gente, pensé en lo que pensaban y me emocioné. Me sentí solo, me dio como un vértigo y recién después me sentí contenido por aquellas personas. Caminé hasta la Retiro de los bondis, hasta el puente en el que habíamos quedado con Mónica. En un atisbo de señal leí un mensaje que decía que faltaban cuervas en el campeonato y que le tocaba hacer de jueza. Iría a buscarme la Mery. Me senté en el puente con la noche en la nuca. Cuando las vi llegar sacudí las manos. Despejé la nube de insectos de la noche. Nos dimos un abrazo y un beso con la Mery y con la amiga. Como si nos conociéramos. Tenían puesta la camiseta de La Nuestra, las canilleras y los botines de los mil tapones. En el camino había sopa paraguaya, empanadas, relojes por un senegalés simpático con la camiseta de Messi. Cuando nos metimos en la villa sentí que me dejaron entrar a su corazón. Callecitas como arterias, cables de lado a lado, championes suspendidos en el aire. Zapatillas digo.</p>



<p>En la cancha Güemes había unas cien pibas. La Mónica arbitraba y se reía, me hacía señas. Se reía. Los dientes de la Mónica son como las ventanitas de la villa. Hay gente que sale por las ventanitas y también se ríe cuando se ríe la Mónica. Juega el Norita Cortiñas, La Nuestra Fútbol Club, Las Aliadas de la 31, Todo Fulbito es Político y otras casacas a dos canchas. Me siento entre medio de ambos rectángulos. Hay jugadas que terminan bien cerca, casi arriba mío, contra la raya. La pelota se deforma entre las piernas, sale liberada, es un gol tras otro. Una en el palo. La arquera que se la juega a los pies de la más rápida. Es un eco de barridas y suspiros. Los goles son paréntesis efímeros. El premio son los chori, la birra, el ferné, la cumbia y la Karen Pastrana que vino a tirar su lírica. Las pibas bailan. Las niñas también. La cumbia hermana. La cumbia, hermana.</p>



<figure class="wp-block-image size-large"><img loading="lazy" width="1024" height="682" src="https://www.marcha.org.ar/wp-content/uploads/2020/05/WhatsApp-Image-2020-05-12-at-17.54.32-2-1024x682.jpeg" alt="" class="wp-image-49301" srcset="https://marcha.org.ar/wp-content/uploads/2020/05/WhatsApp-Image-2020-05-12-at-17.54.32-2-1024x682.jpeg 1024w, https://marcha.org.ar/wp-content/uploads/2020/05/WhatsApp-Image-2020-05-12-at-17.54.32-2-615x410.jpeg 615w, https://marcha.org.ar/wp-content/uploads/2020/05/WhatsApp-Image-2020-05-12-at-17.54.32-2-640x427.jpeg 640w, https://marcha.org.ar/wp-content/uploads/2020/05/WhatsApp-Image-2020-05-12-at-17.54.32-2.jpeg 1280w" sizes="(max-width: 1024px) 100vw, 1024px" /></figure>



<p>Los varones arman los cuadros afuera, la cancha Güemes se libera, o se vacía más bien porque ya estaba liberada y el primer partido es entre unos con la camiseta de Bolivia y otros con la de la Juve. Están gorditos, usan rodilleras, juegan los kilos a la pelota. En la tribuna que también se pobló de varones hay un veterano que no da crédito. Se tapa el sol y observa desde lo más alto la fiesta de las pibas. Se queda ahí, anonadado. Es de otro tiempo, en el que el fútbol y la fiesta tenían dueño.</p>

<p><a href="https://marcha.org.ar/fiesta-en-el-barrio/">Source</a></p>]]></content:encoded>
					
		
		
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		<title>El invierno sin Riquelme empezó un 11 de mayo</title>
		<link>https://marcha.org.ar/el-invierno-sin-riquelme-empezo-un-11-de-mayo/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[Marcha]]></dc:creator>
		<pubDate>Mon, 11 May 2020 10:00:07 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Crónica]]></category>
		<category><![CDATA[Deportes]]></category>
		<category><![CDATA[#SomosMultitud]]></category>
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					<description><![CDATA[Cumplir años e ir a la cancha. Cumplir años, ir a la cancha y que ese sea el último partido de Román Riquelme cambia el sentido de la frase. Para el especial #SomosMultitudes, el periodista y cumpleañero cuenta detalles de aquel día inolvidable. Por Juan Stanisci / Foto &#160;Bernardino Avila Cumplir años un domingo resuelve [...]]]></description>
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<p><em>Cumplir años e ir a la cancha. Cumplir años, ir a la cancha y que ese sea el último partido de Román Riquelme cambia el sentido de la frase. Para el especial #SomosMultitudes, el periodista y cumpleañero cuenta detalles de aquel día inolvidable.</em></p>



<p><strong>Por Juan Stanisci / Foto &nbsp;Bernardino Avila</strong></p>



<p>Cumplir años un domingo resuelve muchas cosas. El problema es al día siguiente. Más que nada si ese día siguiente llueve. Y hace frío. Cumplir años es un hecho al que uno se va a acostumbrando. Lo que es imposible de tomar con naturalidad es que el día de tu cumpleaños sea el último de Riquelme con la camiseta de Boca.</p>



<p>El domingo 11 de mayo de 2014 amaneció nublado y amenazando. Se notaba que el invierno estaba cada vez más cerca. Lo que no sabía era qué tipo de invierno era el que se acercaba. No uno normal con viento, bajas temperaturas, calefactores prendidos y algunas lluvias. Ese no es tan grave. El invierno que se nos venía encima era el de Boca post Riquelme.</p>



<p>Por esos años vivía en Caseros. A 45 minutos de tren y 15 o 20 de colectivo de la Bombonera. Y eso es mucho para alguien que siempre duda antes de salir a la calle. Confieso no ser el mejor de los hinchas. Mucho menos que eso. Confieso no ser siquiera uno aceptable. Porque el hincha, el de verdad, no duda a la hora salir a la lluvia, al frío, a los viajes largos, a la hora de ver a su equipo. Yo siempre dudo. Pero esa tarde era diferente.</p>



<p><strong>Para verte gambetear</strong></p>



<p>A medida que las gotas caían por el cuadro del vidrio del San Martín, me llegaban imágenes del pasado. El 10 de noviembre en el que Román debutó contra Unión, mi viejo me había llevado a la cancha. En ese momento la distancia era de dos cuadras. Tenía 4 años. ¿Cómo puede ser que no me acuerde nada de esa tarde? ¿Habré aplaudido a Riquelme, gritado su nombre o estaría jugando con los autitos en una platea vacía? Algunos viajes mentales sirven para acordar distancias largas en tren. Mientras volaba hacia el inicio de todo, ya asomaba Retiro de fondo como el final del recorrido.</p>



<p>Llegué tarde como nunca a la Bombonera. No importa el partido, siempre trato de llegar por lo menos una hora antes a la cancha, cosa de elegir lugar. No tuve en cuenta que el posible último partido de Riquelme en Boca convocaría a mucha más gente. Tampoco los operativos que se realizaban por aquellos años: estaban destinados a terminar con la paciencia de los y las hinchas para que la policía pudiera mostrar la dureza de sus palos y la efectividad de sus golpes.</p>



<p>La fila daba la vuelta a la manzana. Caminé pero no encontré a nadie conocido. Y claro, faltaban menos de cuarenta minutos para el arranque del partido. Empecé a hacerme a la idea de que lo iba a ver por televisión. La fila avanzaba tan rápido como las gotas que caían sin ganas de una nube de domingo. Primero se escuchó la ovación de la gente con la salida del arquero. Después la voz del estadio que nombraba a los once muchachos que vivirían, algunos sin merecerlo, una noche histórica.</p>



<p>Llegamos despacito a Brandsen, la calle del ingreso. Todavía faltaban un embudo, un cacheo y dos controles para poder pisar el primer escalón. De la cancha llegaba el ruido de un partido que comenzaba. La gente se levantaba de las plateas, en la popular saltaban pechando a la lluvia y en los palcos hacían lo que hace la gente en los palcos. Nosotros y nosotras en la fila esperábamos que al policía de turno se le ocurriera dar la orden para que avanzáramos, mientras un tipo con la 10 en la espalda daba su última arenga antes de subir las escaleras que lo llevaran al patio de su casa.</p>



<p>“Dale que arranca, che.” A una cuadra del embudo policial, la paciencia de quienes queríamos entrar estaba al borde de romperse. De La Bombonera llegaban los cantos que indicaban que el equipo ya estaba en la cancha. Pero seguimos ahí, detenidos en el tiempo, el frío y la lluvia. A pesar de los esfuerzos de La Doce, se escuchaban con claridad dos gritos coordinados entre los privilegiados y las privilegiadas que ya habían entrado: “Riqueeelme, riqueeeelme”, “Ole le, ola la / Riquelme es de Boca / de Boca no se va”. Nos movíamos de a poco. Y en eso, de la cancha llegó un grito de gol. Gritamos por inercia, pero alguien dijo que no, que el partido seguía cero a cero.</p>



<p>Por fin la fila avanzaba. Parecíamos agua cayendo de una canilla mal cerrada. Llegaba el embudo. Nadie miró los carnets. El cacheo se pareció más a una caricia. Primer control. Éramos cientos que trotábamos hasta el segundo lugar dónde debíamos mostrar el carnet, pero no lo hicimos, para luego apoyarlo por última vez antes de empezar el trote de las escaleras a lo Rocky.</p>



<p><strong>El preludio del invierno</strong></p>



<p>Más de una vez me acalambré trotando en las escaleras de La Bombonera. Pero esa tarde transformada en noche no sentía las piernas.</p>



<p>El frío, la lluvia, las pocas horas dormidas, la fila, el viaje, valieron la pena cuando Román aguantó la pelota de espalda contra el marciano Ortiz, mientras el mediocampista de Lanús lo agarraba tratando de moverlo. El árbitro cobró <em>faul</em> y Román hizo algo que nunca había hecho. No sería la única acción realizada por primera vez en la Bombonera por Riquelme esa noche. Quizás eran los nervios. Los gigantes como él también deben sentir cosas en un partido así. Cuando el árbitro marcó la falta, Riquelme se agachó, agarró la pelota y se la ofreció al jugador de Lanús que lo había camiseteado. Como diciendo: “Tomá, ¿la querés? Es redonda, fijate”. Riquelme pudo tener muchas características, vender humo no es una de ellas.</p>



<p>Un millón doscientos mil cartelitos, banderas grandes y banderas chicas se mojaron aquella noche mientras presenciaban las últimas pinceladas de Román en el patio de su casa. No faltaron pisadas, amagues, gambetas, asistencias y hasta un caño sin tocar la pelota al Cali Izquierdoz. A cada jugada toda la cancha, menos La Doce, repetía: “Riquelme es de Boca, de Boca no se va.”</p>



<p>Román salió faltando pocos minutos. Un mimo de parte de Carlos Bianchi. Cuando terminó el partido, se vio otra imagen inédita de parte de su parte. Como sabiendo que ya no habría otro partido, que la todavía posible renovación del contrato iba a terminar en nada, se dedicó a recorrer la cancha revoleando la remera como un ventilador. Ni en las noches de campeonatos ganados, Román había hecho algo así.</p>



<p>Habían pasado casi dieciocho años. No debe haber muchos jugadores que debuten en primera con una ovación y se vayan de esa misma cancha 206 partidos después con la misma hinchada rendida a sus pies. La tarde de su debut contra Unión, Román mostró todo su repertorio. Jugó como si lo hubiera hecho desde hacía muchos años en primera. Habilitó al Negro Cáseres, la pisó, la guardó y llevó los hilos del partido. Durante todo el partido La Bombonera gritó su nombre. Cuando Riquelme debutó en la primera de Boca el 10 de noviembre de 1996, el dólar valía lo mismo que el peso, Boca tenía tres copas libertadores, Maradona era jugador profesional, hacía un día que Mike Tyson había mordido la oreja de Evander Holyfield y faltaban cinco días para el estreno mundial de <em>Space Jam</em>. Dieciocho años más tarde, ni Tyson, ni Maradona, ni Boca, ni Buggs Bunny, ni Jordan, ni el peso argentino eran los mismos, pero Riquelme volvió a ser figura del partido y a irse del estadio con su nombre tronando y retumbando contra las tribunas.</p>

<p><a href="https://marcha.org.ar/el-invierno-sin-riquelme-empezo-un-11-de-mayo/">Source</a></p>]]></content:encoded>
					
		
		
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